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Salir de la cabaña

Hace más de un año que se declaró pandemia mundial por el SarsCov-2. Este virus ha cambiado nuestras vidas. Y este cambio va más allá del propio virus. Cada día noto que más personas me comentan que les cuesta dormir, que se sienten estresadas sin motivo, incluso que ahora, que parece que podemos retomar en algo nuestra vida social, no tienen ganas de volver a sus rutinas anteriores.

Hace pocos días una amiga me decía:

- Yo no salgo de casa, no me hace falta. La compra la hace mi marido, no tengo nada a que salir.

- ¡Pero ya estás vacunada!

- Ya, pero en casa estoy bien. ¡A saber si me vale la vacuna para todas las cepas! Quita, quita, yo no salgo.

Esto empieza a inquietarme así que me reúno con la doctora María Luisa Velasco Prieto, especialista en geriatría, que me habla del llamado síndrome de la cabaña. En concreto me comenta que es un conjunto de reacciones emocionales que aparecen después de una experiencia vital. Aunque ha adquirido importancia en el último año, no es nuevo. Hace referencia al temor o miedo a salir. Después de un encierro involuntario, nos planteamos la vuelta a la normalidad pero el miedo al contagio persiste, por lo que optamos por continuar recluidos porque nos aporta seguridad. Dentro de los síntomas que puede presentar destacan el miedo, la angustia, la anticipación de algo malo. Taquicardia, sudoración, temblor, irritabilidad, insomnio. Pensamientos obsesivos que pretenden un máximo control del entorno, anulación de las relaciones interpersonales, conductas de evitación. Afecta a cualquier edad, pero las más frágiles son las personas mayores. Son vulnerables, pluripatológicos, con limitaciones, han estado encerrados, privados de los afectos y las relaciones sociales mínimas.

Es importante lograr identificar el miedo y enfrentarse a él. Conectar con lo que es valioso para la persona, la relación con la familia o los amigos, adaptar las rutinas a la nueva situación, explorar nuevas actividades que te hagan sentir bien, compartir pensamientos y emociones, no ponerse grandes objetivos, los pequeños a corto plazo te harán sentir mejor. No tengas prisa pero tampoco pausa, recurre a tu médico si es necesario y a centros terapéuticos con personal cualificado y programas específicos como es el caso de Afalu, donde ya llevamos años trabajando con grupos de prevención, en los que realizamos un trabajo global de socialización, aprendizaje, psicomotricidad, creatividad, risas y muchas otras actividades que ayudan al desarrollo de nuestro cerebro de una forma saludable. Las personas que asisten a estos grupos presentan una actitud vital más positiva y mayor facilidad para reconectar con su vida normal, aprenden a solventar problemas y crear nuevas rutinas gracias a nuestro programa de apoyo psicológico.

Si conoces a alguien que se identifique con este síndrome es el momento de apoyarlo, de mostrarle la puerta de esa cabaña y acompañarlo a cruzarla.

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