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El arte de amar

MIENTRAS LAS flechas de cupido se clavan hoy sobre los recibos de los restaurantes o hacen diana en las facturas de las joyerías, es imprescindible recomendar un libro que trata sobre un tema eterno, que aunque haya sido mencionado y tratado en millones de ocasiones a lo largo de la historia en todas las manifestaciones culturales y artísticas del ser humano, desde la poesía, la música, la literatura, el teatro o el cine, nunca ha sido estudiado y reflexionado con tanta profundidad como lo ha hecho uno de los mayores filósofos surgido en el mundo occidental durante el siglo XX, como es el caso del pensador, ensayista y psicoanalista alemán, Erich Fromm en su libro El arte de amar, donde realiza con profundidad un ensayo sobre el amor nunca antes realizado por nadie, ni siquiera por Platón en El banquete, otro libro fenomenal sobre esta sublime capacidad humana, causa de todas sus alegrías y efecto de todos sus infortunios. En el libro, Erich Fromm habla sobre el amor como una acción y una facultad del ser humano que tiene sus orígenes en la búsqueda de la unión, derivada originalmente de la separación física del útero materno, lo cual le lleva el resto de su vida a buscar nuevamente esa fusión que generalmente se deriva en una errónea percepción del concepto del amor, al pretender buscar la unión interior en el "otro". El amor entonces se cosifica, se convierte en un objeto que se pretende poseer egoístamente porque ese objeto, que puede ser material (dinero, empleo, riqueza), inmaterial (fama, reputación, reconocimiento, prestigio) o físico (persona, sexualidad) nos proporciona seguridad, placer y sobre todo nos salva del sentimiento de nuestra profunda soledad inherente a la condición humana. Amamos por tanto, porque nos aman, porque buscamos que nos amen, porque buscamos ser amados. Por la sociedad, por la familia, por la empresa o por la pareja. Este concepto del amor, erróneo, debería ser superado por un concepto mas amplio como es el amor a uno mismo, porque quien no se ama a si mismo realmente no es capaz de amar nada verdaderamente. Lo que se considera amar, es realmente una posesión egoísta inconsciente para protegerse del miedo a la soledad y a la incapacidad de crecer interiormente hasta conocerse a uno mismo, que es el verdadero sentido de la vida. Por lo tanto debemos considerar el amor como un arte que debe ser aprendido, como lo es la pintura o la escritura, el amor como un proceso de aprendizaje muy amplio. Quien comprende el amor se ama así mismo y ama todo lo que habita en el universo, ama a todos sus semejantes, a la naturaleza, a los animales, a las plantas y a las flores. Es una persona por lo tanto elevada que comprende el verdadero significado del amor. Quien ama solo a alguien, es una persona dependiente de su propia soledad interna, porque realmente no ama a esa persona. Ama el amor de la seguridad emocional que esa persona le proporciona. El autor diversifica el amor, como el amor fraterno, el amor maternal y paternal, el amor a los hijos, a dios, el amor erótico, el amor romántico y la mercantilización del amor por el capitalismo que provoca que en días como este, amar signifique comprar algo a alguien, que es como comprar a alguien. La capacidad de amar depende en gran medida de la propia capacidad de superar el narcisismo y la fijación psicoanalítica en la madre y el clan social, depende de nuestra capacidad de crecer y desarrollar una relación productiva con el mundo y con nosotros mismos. Todo lo que amamos es efímero, el empleo, la familia, el dinero, la fama. Solo el acto de amar es más importante que ser amado, porque ese acto, si es absoluto, es transformador y origina el cambio mas importante que pueda alcanzar un ser humano en esta vida superando la prisión del aislamiento y la soledad alcanzado la libertad total.

El arte de amar
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