Opinión

Black wednesday

Para Pedro Sánchez los miércoles volverán a ser negros, más negros que una veta de carbón en la noche cerrada de este tiempo. Vuelven para Pedro los ‘black wednesday’, ahora que hemos superado el viernes negro en el que nos gastamos la paga de Navidad y el Gobierno ha dilapidado la prima de riesgo. A Pedro no le gustan los miércoles porque tendrá que rendir cuentas en la sesión de control al Gobierno, y al estadista no le entusiasma que le controlen. Él prefiere gobernar por decreto, prefiere las sesiones de control en Ginebra ante el verificador prófugo y pasar como el nuevo Napoleón conquistador de Rid-ley Scott y Joaquin Phoenix. Pedro Sánchez demuestra su poco apego al juego democrático tras 7 meses con el Congreso prácticamente cerrado al control político, y solo al servicio del Frankensmont: entiéndase ley de amnistía, comisiones lawfare de investigación y otras cesiones al chantaje separatista.

Realmente Sánchez preferiría convertir la legislatura de la amnistía en un ‘black friday’ permanente. Ni lunes ni martes ni miércoles, sino toda la semana convertida en un negro silencio de impunidad, en rebajas millonarias para los socios del Frankenstein y subida indiscriminada de impuestos para el resto de los españoles. El Black Franskensmont será un periodo negro de oscurantismo pactista, de entreguismo por la cara, de borrado de delitos y ocultación de información a la sociedad española. Por eso para Sánchez los miércoles son más negros que las cifras del paro y el futuro endeudado de nuestros jóvenes. Es levantarse en el Palacio de la Moncloa, sacudir el nuevo colchón y mirar por la ventana, y a Pedro y Begoña se les vuelve el miércoles más oscuro que un día de tormenta, con horizonte de nubarrones y la conciencia oculta bajo truenos de engaños y relámpagos de mentiras.

El ‘black wednesday’ de la era de Sánchez, Puigdemont, Otegi y Junqueras promete ser un terrorífico baile de disfraces Halloween, un carnaval nocturno sin luz de luna ni estrellas, sin iluminación navideña ni igualdad real entre españoles. El black wednesday tiene su primera espantada el miércoles 13 de diciembre huyendo del control a la aprobación de la amnistía. Se someterá a las preguntas de Feijóo y resto de la oposición el 20 de diciembre, para cerrar de nuevo por Navidad en vísperas de la lotería, los villancicos de paz, las uvas y los Reyes Magos. Sánchez terminará convirtiendo su odiado ‘black wednesday’ en un juego del escondite continuo, en un escaparate de incumplimiento de la palabra dada, en un muro contra la alternancia democrática pese a la victoria del PP en las urnas. Maldito ‘black wednesday’, señorías, con el trabajo que tiene Pedro con sus viajes al exterior para hacer saltar la diplomacia de la UE por los aires. Y encima los terroristas de Hamás le felicitan, los de Podemos cabreados y un consejo de ministros dividido como una jaula de grillos. El ‘black wednesday’ terminará siendo una pesadilla en la Carrera de San Jerónimo, el terrible sometimiento del cambio de opinión a la máquina de la verdad, un día para desconfiar en sede parlamentaria y no escuchar la tertulia afín sincronizada. 

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