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Gibraltar español

La defensa nacional de la integridad territorial de España a costa de Gibraltar obliga a Sánchez a no cometer errores en el procés ilegal separatista catalán

LO DE "Gibraltar español" parece un brote de nacionalismo patriótico inusual en este gobierno socialista nacido de una moción de censura con votos de separatistas. Pero lo cierto es que Pedro Sánchez se envolvió en la bandera de España y la defensa de la nación con un empeño preventivo de cuidada retórica porque lo contrario hubiera significado un abandono y dejación de obligaciones sancionable en futuras elecciones. Y con Luis Aguilé como banda sonora con aquel memorable Cuando salí de Cuba, Sánchez se plantó en España tras no reunirse con la disidencia de la dictadura castrista para hacer una comparecencia institucional en la que avanzaba el desbloqueo de la aprobación comunitaria del acuerdo del brexit UE-Reino Unido tras velada amenaza de veto que no llevó a efecto. La facilidad con la que tres cartas ajenas al acuerdo oficial fueron suficientes para que Sánchez cambiara de posición sorprendió hasta al PSOE. Y aunque a la mayoría de los españoles les parecía bien que el Gobierno español vetara el acuerdo con el que Londres y Bruselas pueden ningunear la soberana españolidad de Gibraltar, Sánchez cambió de estrategia para no quedarse solo en la cumbre del pasado fin de semana.

Se verá en el futuro si estamos ante un "éxito", pero parece fuera de toda duda que las cartas arrancadas a un embajador británico y a los presidentes de la Comisión y del Consejo Europeo carecen de validez jurídica frente al famoso artículo 184 del Tratado del brexit. La primera ministra británica, independientemente de que saque o no adelante el acuerdo en su parlamento, dejó claro que la soberanía británica de la roca no se pone en duda y que España no logró su objetivo de modificar el texto oficial. Cuando la oposición de PP y Ciudadanos criticó el frágil acuerdo arrancado por España, Sánchez espetó a Casado y Rivera que leyeran la prensa británica. The Times y el Daily Mail calificaron de "ridícula y tonta" la exigencia de España sobre Gibraltar, lo cual da una idea meridiana de que una cosa es la propaganda que se puede hacer en ruedas de prensa domésticas y otra la letra oficial de un Tratado sobre el brexit que con el artículo 184 introducido "con nocturnidad y alevosía" según el Gobierno Sánchez excluye a España de cualquier acuerdo de futuro entre Londres y Bruselas sobre Gibraltar. Las garantías de corregir esta trampa diplomática no se recogen en el Tratado, sino que se contemplan en las tres cartas de cortesía que, repito, no parecen tener valor jurídico. Una vez más no podemos cantar el "Gibraltar español" que históricamente reivindicamos.

En positivo destacar que la defensa nacional de la integridad territorial de España a costa de Gibraltar obliga a Sánchez a no cometer errores en el procés ilegal separatista catalán. Sin embargo, dadas las contradicciones e incoherencias de la acción de Gobierno, la opinión pública y publicada está sensibilizada y vigilante con esa afición tan socialista de decir una cosa y la contraria en distintos territorios y en un corto periodo de tiempo.

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