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Los viejos roqueros de la política

Cuando los padres de la Iglesia debatían sobre la doctrina de Pelagio que negaba el pecado original —siglo V—, el papa Inocencio I, entonces autoridad inapelable, zanjó la cuestión condenando la herejía del monje británico con tal rotundidad que Agustín de Hipona pronunció la frase "Roma locuta, causa finita".

Algo parecido ocurrió el domingo en Galicia. Habló el pueblo, autoridad inapelable, expulsó del Parlamento a las Mareas y confluencias, que dilapidaron la confianza y el capital político que les entregó Galicia en 2016; cerró la puerta de la política gallega a Vox y Ciudadanos y otorgó las responsabilidades de gobierno y de oposición a PP, BNG y PSdeG, la ‘vieja política’. Como en 1997.

El PP tiene las manos libres, pero hará mal si gobierna con la arrogancia de la mayoría absoluta y no cuenta con la oposición, que tiene ideas valiosas. Explorar la vía del acuerdo y buscar sinergias que aportan valor añadido a la solución de los problemas es una buena decisión ante la crisis sanitaria y económica.

Al frente de esa oposición estará la líder del BNG, contrincante solvente, que tendrá que cambiar el discurso y dejar de pensar en «la derecha rancia, en botar a Feijóo, en los recortes y en una Galicia apocalíptica», que no es real. Los gallegos avalaron las políticas del PP y no ven en los recortes un castigo caprichoso al pueblo.

"A independencia non é una proposta que conste no noso programa", dijo a unos interlocutores y su moderación cautivó a otros gallegos que algún día pueden votarle si mantiene esa línea moderada y abandona algunos clichés del independentismo —"presos políticos", arremetidas contra la monarquía— y modula otros planteamientos que espantan en Galicia que, en política, es ‘sitio distinto’.

El segundo integrante de la oposición, el Partido Socialista, tendrá que fortalecerse como partido, encontrar un liderazgo sólido y definir una estrategia programática más concreta que las generalidades del "vientos de cambio o gobierno de progreso".

Parafraseando al profesor Núñez Seixas, en Galicia predomina la doble identidad, gallega y española, y los extremos excluyentes, solo española o solo gallega, son débiles. Con esa doble identidad se hermana el pueblo gallego y respetarla sin exclusiones es condición necesaria para cautivar y ganar elecciones.

En fin, que habló Galicia y se decantó por PP, BNG y PSdeG, que vuelven como "los viejos roqueros que nunca mueren". Sabia elección. Los tres tienen experiencia, saben gobernar y conocen a este país que espera sus acuerdos para la reconstrucción sanitaria, económica y social.

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