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Esto así no se sostiene

LEO EN este diario una noticia económica que me acongoja. No por inesperada o sorprendente sino por todo lo contrario. Porque viene a corroborar una vez más algo que ya en varias ocasiones he planteado en esta sección. El titular en cuestión informa de que solo 11 concellos de los 313 que hay en Galicia tienen por lo menos dos cotizantes por cada pensionista.

Y lo de por lo menos no es una cuestión baladí. Los expertos consideran como óptima, de cara al mantenimiento del actual sistema, una proporción de tres trabajadores por cada beneficiario de una paga. Pero bueno, tampoco vamos a ponernos exquisitos y vamos a dejarlo en dos. Pues ni así. Galicia tiene una ratio de 1,51 cotizantes por cada pensionista. Descorazonador.

Relata esa misma información que en 2017 Galicia ingresó por la aportación en cotizaciones de los trabajadores 5.581 millones de euros. Pero hubo de hacerse cargo de un desembolso superior a los 7.560 millones para cubrir las pagas. De lo que resulta un déficit próximo a los 2.000 millones de euros. Y repito, son datos de 2017. Estoy seguro de que los de 2018 y 2019 serán aún más negativos.

Ese desfase de casi 2.000 millones, solo en Galicia, es consecuencia de que la comunidad cuenta con 1.020.000 afiliados que pagan sus cuotas, en tanto que cada mes Estado costea 764.900 pensiones. Y la nómina sigue creciendo.

Estoy seguro de que la cuestión adquiriría tintes aún más dramáticos y preocupantes si tuviésemos acceso al dato de cuántos de ese poco más de millón de afiliados forman parte del mercado libre –es decir, son empresarios, autónomos o sus asalariados– y cuantos forman parte de las distintas administraciones, es decir, que viven también de las arcas públicas.

En varias ocasiones he intentado recabar ese dato y así se lo solicité a diversas entidades, incluida la Xunta de Galicia y el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social. Pero nunca he obtenido respuesta. Silencio y más silencio ha sido todo lo que he conseguido. En cualquier caso, sea la cifra que sea, lo que está claro es que si a los pensionistas, les sumamos los cargos públicos, políticos, asalariados empresas públicas, trabajadores de las administraciones del Estado (central, autonómica, provincial y local), los miembros de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, los del Ejército y los desempleados, que también cobran sus subsidios del erario público, el ratio sería vergonzante. Muchísimo más cerca del de una sociedad de la antigua Unión Soviética socialista que de un país occidental-capitalista . Insostenible!

No son pocos los expertos que alertan de que, de no poner remedio, la quiebra del sistema podría producirse ya a finales de la próxima década. Y, de momento, a ese remedio ni se le ve ni se le espera. Siguen nuestros gobernantes sumidos en la autocomplacencia, en todo caso subir impuestos.

Hasta que vaya mal. Y entonces, cuando este sistema de garantías que tanto nos ha costado conseguir y mantener, estalle por los aires, será ya demasiado tarde. Y nos lamentaremos. Y nos echaremos las manos a la cabeza. Si es que a esas alturas, sumidos en la desesperación, algo nos queda de ella.

No puedo acabar este artículo sin expresar mi más sinceras condolencias a las familias y amigos de las víctimas de execrable triple asesinato de Valga. Ni la Justicia ni los Gobiernos pueden ser tibios ante este tipo de situaciones. Pienso que ante comportamientos así la única respuesta, la única prevención posible, pasa por la educación. Por la cultura y la educación. Precisamente las grandes olvidadas, cuando no despreciadas, por nuestros gobiernos.

Esto así no se sostiene
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