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Sentimientos encontrados

Frente a quienes se rasgan públicamente las vestiduras por la cuestión, a mí no parece nada anormal que una situación tan crítica como la que estamos viviendo provoque en cada uno de nosotros sentimientos encontrados y a veces incluso contradictorios. Que haya momentos en los que asumas y defiendas que lo que corresponde es estar todos unidos. Y otros en los que lo que se impone sea la crítica, como consecuencia de la impotencia y la rabia acumulada. 

Una de las cuestiones que me parece muy importante no perder nunca de vista es que nos hallamos ante una pandemia global. España no ha sido ni el primero ni el único país afectado por el coronavirus. Sin embargo tenemos proporcionalmente el mayor número de fallecidos por habitante y el mayor número de sanitarios infectados. Y ahí no hay discusión posible. Lo que es medible no es opinable. 

Utilizando un símil futbolístico, en esta Liga vamos los últimos. Y siguiendo con él, cuando en equipo no funciona, se destituye al entrenador. Y, ojo, no me malinterpreten. No estoy pidiendo un asalto al poder, ni quitar a unos para poner a otros. Lo que quiero decir es que ante una situación de emergencia como la actual, frente a la que cualquiera se puede sentir sobrepasado, a la hora de tomar medidas excepcionales habrá que recurrir a los más preparados en cada ámbito. En absoluto pongo en cuestión la legitimidad del Gobierno de España -Mentir no es delito todavía-. Lo que cuestiono es su capacidad. 

Así, cuando se trata de tomar medidas económicas habrá que escuchar a quienes forman parte activa de la economía real. Y no que sean tomadas unilateralmente desde la fría asepsia de un despacho por alguien que no ha generado empleo ni riqueza en su vida, por alguien que no tiene ni idea de qué es gestionar una empresa ni, por supuesto, todo lo que ello conlleva. 

Hay que estar unidos, sí. Pero también hay que ser eficaces. Y, ya digo, se trata de una pandemia global y tenemos países muy cerca de nosotros –Portugal, sin ir más lejos- en cuyas coberturas y soluciones podemos fijarnos. Necesitamos medidas concretas y adecuadas a nuestras necesidades. No se trata de que no te puedan cortar la luz. Es que a las empresas que estén cerradas por orden gubernamental y, por lo tanto, generen cero ingresos, el recibo no se les pasa. Y listo. Que las siempre beneficiadas energéticas asuman su parte de compromiso. Y otro tanto se podría decir de los bancos. No se trata de que te aplacen el pago de la cuota mensual de la hipoteca de tu casa. De lo que se trata es de que mientras el cierre obligado perdure no se cobren los avales y que se impongan por decreto moratorias en todo tipo de préstamos vinculados a la empresa. Medidas concretas, reales y previas. 

Porque frente a esta crisis hay que dar una respuesta sanitaria. Pero también va a haber que dar una respuesta económica. O las consecuencias serán dramáticas. Y lo serán de inmediato.

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