Opinión

Política internacional

No damos una en el clavo internacional. Bueno, ni en el internacional ni en el del terruño. Van de la mano al desastre absoluto. Pero en política internacional, en particular, el socialismo celtibérico se lleva la palma. Desde Zapatero, siempre Zapatero, comenzó la caída en picado. Con Aznar nos respetaban en el mundo. Hoy, somos el hazmerreír de todas las cancillerías y foros internacionales.

Zapatero ha sido y es, aún, un cumulo de desgracias para España y los españoles y, también, para Venezuela, Cuba, Nicaragua y demás países a los que honra con su visita previo pago. Terminó su glorioso mandato con cinco millones de parados al tiempo que decía que estábamos en la Champions de la economía mundial. Un fenómeno. Sus monumentales cirios en Cataluña, su empeño en negar una crisis brutal, su disparatada política económica y una política internacional plena de desvaríos ha puesto a España, en muy poco tiempo, a la cola del mundo. Hoy seguimos ahí, al lado de Burundi y Eritrea. Y todo ello gracias a este genio del poder y a su escudero Miguel Ángel Moratinos. Una lumbrera de la diplomacia internacional solo comparable con los Metternich, Talleyrand, Disraeli o, incluso, con el mismísimo Henry Kissinger.

El canciller español revolucionó la diplomacia internacional con una inédita política basada en un nuevo instrumento diplomático: el talante. Esta original forma de hacer las cosas en la política internacional se fundamenta en dos grandes pilares: la continua bajada de pantalones en los asuntos de máximo interés para España y en las innumerables concesiones y regalos que se le dan a nuestros adversarios a cambio de nada. Algo insólito que solo tiene explicación en mentes tan preclaras como las de Yolanda Diaz o Puchimón.

Gracias a la política internacional del talante, España ha conseguido grandes éxitos. Así, hemos traicionado a nuestro más fiel y firme aliado, los Estados Unidos, dejándolos con el culo al aire en plena guerra, retirando nuestras tropas de Iraq y solicitando a sus aliados que hiciesen lo mismo, además de insultar y humillar a su bandera. Zapatero nos ha puesto de rodillas ante Francia y Alemania, accediendo a la perdida de la influencia que había conseguido Aznar en Europa. Ha conseguido que, hoy, el Rey de Marruecos ya se vea paseando a caballo por Ceuta y Melilla. Le ha dado voz propia a la colonia de Gibraltar en las negociaciones para la devolución de la soberanía del peñón. Y han hecho de España un país no fiable en el contexto internacional y socio de los herederos de Fidel Castro, de Maduro y del Stalin norcoreano.

Y ahora con Pedro Sánchez, más de lo mismo. Nuestro presidente y su vanidad se han ido a Israel y han montado un cisco morrocotudo en el que nos ha metido a nosotros y a toda Europa. Un gravísimo conflicto diplomático con un aliado estratégico como Israel que demuestra un desconocimiento colosal de los mas elementales usos diplomáticos. Sánchez se ha plantado ante el primer ministro israelí y le ha criticado, en sus propias narices de anfitrión, la respuesta militar que ha desarrollado en Gaza; ha comparado los ataques de Hamas con los de la ETA; y ha abogado por un reconocimiento unilateral de un estado palestino. Netanyahu se ha quedado de piedra ante tanta imprudencia, falta de educación y torpeza. Y Sánchez se ha vuelto al falcón con esos andares sueltos de como quien no quiere la cosa. Nada nuevo bajo el sol. ¿Y que esperaban en Europa? ¿A Joseph Fouché?

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