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Los Goya de las mujeres

 

NUNCA ME dará un Goya. No se los dan a actores aficionados de medio pelo cuyo curriculum se limita a una o dos apariciones como figurante. Bueno, tiene la misma raíz léxica que figura. Pero venía aquí a decir que casi me alegro. De ganar un premio de esos habría que asistir a la gala. Ponerse de tiros largos, aunque eso con valium y un par de tragos se solventa, pero sobre todo asistir a la gala y fingir que atiendes durante tres horas. Y seguramente darle un pico a otro tío. Lo de los Goyas, como todo, tiene sus ritos y sus retos.

En la gala del otro día se anunciaba una reivindicación feminista en todo regla. Y así fue. Las mujeres han cogido el 2018 por los cuernos y no lo van a soltar hasta darle un revolcón al toro del machismo. Tenían que estar tomándole las medidas para una estatua a Ashley Judd, la primera valiente que denunció por acoso al todopodero Wenstein. En el cine español también se acosa. No me refiero al acoso del gobierrno a la industria, que comenzó por un quítame allá esas cejas. Pero las actrices españolas señalan con el dedo al infinito, vagamente, como Colón encima de su peana. El acoso en el cine español es un poco como las meigas, que habelas, hainas.

Los premios Goya, que arrastran ese tufillo a copia barata de una industria megamultimillonaria, a emulación no exenta de complejos, se están mostrando como escaparate reivindicativo. No se trata de despreciar el poderoso altavoz del que una vez al año dispone un gremio tan maltratado. Lo que resulta difícil es no repetir esquemas. Incluso presentadores ingeniosos e inteligentes como Joaquín Reyes y Ernesto Sevilla terminaron pareciendo botarates sin sustancia, vencidos en una lucha cuerpo a cuerpo contra la corrección política y huérfanos de gracia. No es fácil nadar y guardar la ropa: o te empapas o te quedas en bolas.

Al final triunfó Isabel Coixet (como siempre) y La librería (Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Guion Adaptado entre sus doce galardones). Ella fue quien hizo el mejor chiste de la noche: "Igual me lo merezco y todo". La catalana es una mujer de una pieza, que aguantó el tipo hace unos meses cuando sufrió el acoso de unos señores también catalanes, pero seguramente más que ella, que querían independizarla por las bravas.

La librería es una adaptación de la novel homónima de Penelope Fitzgerald y con ella la directora rinde homenaje a las mujeres luchadoras al tiempo que expone criticamente los roles sociales y de género. Handia (grande), de Aitor Arregi y Jon Garaño y rodada en euskera, fue la otra cinta destacada. Cosechó 10 premios. Un dato a tener en cuenta: sólo ha recaudado medio millón de euros desde su estreno en octubre pasado. La archipromocionada Perfectos desconocidos (remake de un film italiano) se acerca a los 19 millones. Esperemos que este empujón reduzca el tamaño de esa injusticia. Handia es la historia (basada en hechos reales) de dos hermanos, uno apegado a sus raíces y otro que desea conocer mundo. El gigantismo del menor se convierte en el principal sustento de la familia.

En cuanto a la pedrea, películas como Verano 1993 (mejor dirección novel y actriz revelación), Tadeo Jones. El secreto del rey Midas (mejor película de animación) y El autor (mejor actor protagonista y mejor actriz de reparto), fueron las principales agraciadas por la misma.

Resumiendo, 32 años de Goyas, tres mujeres premiadas a la mejor dirección: Pilar Miró, Icíar Bollaín y la propia Coixet. Ojalá todos estos gestos, todas estas intenciones, hagan cambiar este panorama. Y, como en la canción: más cine, por favor.

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