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Putochinomaricón

ESTE ARTÍCULO podría haberse titulado Gharabullo, como el primer disco que la banda de A Estrada del mismo nombre acaba de sacar, pero Putochinomaricón le va mucho mejor a los propósitos del mismo. La vida es elegir varias decenas de veces al día, y más vale que siga siendo así. De modo que he elegido a Chenta Tsai, un joven arquitecto y músico de origen chino que aún no llega a la treintena, nacido y crecido en Madrid. He leído en alguna parte que "sus canciones de pop electrónico recogen todo el angst juvenil de los millennials y en Instagram y Facebook se muestra muy combativo contra la homofobia y el racismo", y he decidido apropiármelo porque me parece muy conveniente. Muy conviente para mi, sobre todo.

No soy fan de la música de Chenta, pero si de su nombre artístico. La primera vez que leí algo sobre él me pareció de una inteligencia y osadía fuera de lo normal: convertir en nombre de guerra los insultos recibidos es la mejor manera de desactivar la ofensa y situar a los ofensores en el rincón de los gilipollas (hacia donde ya se dirigían a pasos agigantados). Además, la prosodia del vocablo lo dota de una rimbombancia impagable. Dos bisílabos de acento grave y un trisílabo en agudo. Insuperable.

Putochinomaricón dicen que suena como La casa azul haciendo trap. O sea, techno-pop con regusto de synth-pop y disco, sin escamotear toques de electro y autotune. Servidor tiene su alma alquilada al rock and roll y lo electrónico como que no, pero le pueden preguntar qué tal a los que estuvieron en sala Karma el viernes pasado escuchando al muchacho. Allí seguro que sonaron Gente de mierda, No quiero salir, No tengo wi-fi, Remedio casero o El test de la Bravo y la Superpop; algunos de los hits destacando que señor Tsai que ha ido colocando mediante la presencia en internet y las redes sociales, despertando el interés de medios como El País, La Sexta, El Confidencial, FantasticPlastic, Radio 3 o Diario de Pontevedra (tos ahogada). Las letras de las canciones de Chenta Tsai, tan inteligentes como sus decisiones artísticas, hablan tanto del activismo social, aunque a veces sea para criticar a los solidarios de salón: "No puedes parar de pensar / En todo lo que hiciste mal / Y ahora quieres arreglar / Todo con tu falsa moral" como de la cultura pop: "El test de la Bravo y la Superpop / Nos indican quiénes somos con mucha precisión" o de asuntos más personales: "Siento que estoy perdiendo el tiempo siento que todo es artificial dame un remedio casero para volver a empezar".

Pero ya está bien de promocionar a Putochinomaricón, que ya lo hace muy bien el solito. Hablemos un poco de la bilis que dio origen a su nombre. Ese impulso atávico que hace a algunos seres humanos agredir a quien perciben como diferente. La palabra atávico tiene su origen en el término latino atavus (tatarabuelo o antepasado) y eso es muy importante tenerlo en cuenta cuando examinemos la procedencia de la forma de pensar de algunas personas o agrupaciones políticas.

El germen del rechazo a quien es de distinta nacionalidad, fe, orientación sexual, etc es el temor, el miedo a lo que no resulta cercano. Y la verdadera raíz de ese temor es la inseguridad. Hay teorías que rastrean el origen de la xenofobia, tan arraigado en el individuo y la sociedad, en la organización de los primeros grupos humanos. No es disparatado asumir que cuanto más anclado en el pasado tengamos nuestro pensamiento, más proclives seremos a manifestar sentimientos de ese tipo. No pensemos que estamos ante un asunto de poco calado o de escasa prevalencia. Lo advertía José Saramago: "Todas las protestas, todos los clamores, todas las proclamaciones contra el racismo y la xenofobia son justos, necesarios y bienvenidos".

Extranjero, "sin techo", negro, homosexual, aficionado al fútbol, musulmán, transexual... son algunos de los perfiles de las personas que han muerto en España por los ahora llamados crímenes de odio. Y, con todo, nuestras cifras no son las más pesimistas. Según los expertos el número de agresiones por año está entre las cuatro y las seis mil (tan solo se recogen denuncias de un 10 % de las mismas). Alemania y Reino Unido, que son el tercer y sexto país respectivamente por población inmigrante, registran 24.000 (la primera) y 60.000 (el segundo) agresiones anuales.

Chenta Tsai dice considerarse un privilegiado ("tengo documentación, papeles, educación") pero también haber sufrido acoso, discriminación y racismo. Ojalá los protagonistas de estas atávicas conductas desaparezcan.

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