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Ganó Alfredo

Alfredo Fernández (13 años), presentador del debate a cinco de Pontevedra. JAVIER CERVERA-MERCADILLO
Alfredo Fernández (13 años), presentador del debate a cinco de Pontevedra. JAVIER CERVERA-MERCADILLO

EL DEBATE a cinco organizado por la radio escolar del Instituto Sánchez Cantón tuvo un claro ganador: Alfredo, el presentador. Hay madera de periodista ahí, dominador absoluto de la escena y del tempo, valiente e incisivo, impecable tanto en la puesta en escena como en la conducción. Lástima que el paraninfo del centro luciera prácticamente desierto. Ausencia casi total de alumnos en una tarde soleada que no invitaba a la mesa redonda, el análisis y el recogimiento.

En cuanto al debate en sí mismo, los presentes nos encontramos con un escenario presidido por una mesita de centro bastante coqueta y flaqueada por los cinco candidatos. Es el típico mueble que dota a cualquier evento de una cierta solemnidad, de los que invitan a pensar que en cualquier momento puede aparecer un mayordomo sobre las tablas para servir el té. Y en esa atmósfera de tertulia victoriana brilló como ninguno Luis Rei, al menos en sentido decorativo, sentado con el aplomo de quien reconoce la importancia de una buena caligrafía y una mejor pose. También tuvo sus momentos durante el careo, especialmente brillante en la defensa de la enseñanza pública y en las réplicas.

Por momentos, el debate a cinco se convirtió en duelo al sol entre Lores y Domínguez, que los demás consentían

A su izquierda se sentaba Rafa Domínguez en un escorzo extraño, seguramente provocado porque fue el único al que le tocó en suerte una silla y no un sofá. Pese a todo se le vio cómodo, buscando constantemente el cara a cara con un Miguel Anxo. F. Lores que lo esperaba en su esquina con la guardia abierta, como esos boxeadores que provocan el entusiasmo de sus adversarios para sorprenderlos a la contra. Por momentos, el debate a cinco se convirtió en duelo al sol que los demás consentían sin demasiada oposición y en el que Tino Fernández ejerció de árbitro en un par de ocasiones. Al socialista le interesaba más exponer sus proyectos para Pontevedra que la evaluación de los gobiernos anteriores y a eso se dedicó, básicamente. Su momento de gloria llegó cuando el presentador abrió el melón de la normalización lingüística y la defensa del gallego: "Que empiece la representante de Ciudadanos", bromeó el socialista para regocijo de casi todos los presentes.

A María Rey, la única mujer sobre el escenario aunque en condición de suplente -algún día quizás se anime a contarnos el porqué de su descenso al número dos-, le tocó lidiar con esas contradicciones flagrantes de su partido pero las resolvió con bastante destreza. "Yo no soy Toni Cantó", advirtió a sus contrincantes en una de sus intervenciones, aunque no pudo evitar dejar una de esas frases tan suyas para el recuerdo. "Soy madre", explicó. "Y no me gusta ver cómo mis hijos tienen que hacer cola para tirarse por un tobogán". Ahí sí perdió un poco la compostura Alfredo, el presentador, al que se le escapó una sonrisa pícara, de animal televisivo olisqueando la sangre. El debate había sido suyo de principio a fin, por eso le dio tanta pena concluirlo.

Ganó Alfredo
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