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Inquietudes y temores

EN VERDAD que hoy no es fácil definir la situación en la que nos encontramos; es difícil de entender y compleja de analizar porque está plagada de amenazas, incongruencias, mentiras, contradicciones, promesas fallidas, corrupción, egoísmo, presión de los poderosos, esclavitud de los indefensos, un virus que mata y no se marcha, para el que no hay tratamiento eficaz ni vacuna, y todo esto provoca en la sociedad que lo padece una terrible inseguridad que conduce a la ansiedad, el miedo, la desesperación y en muchos casos, el suicidio o la locura.

Parece que el consenso para el pacto por el futuro post-pandemia lo están interpretando los políticos como que de lo pactado nada y de lo dicho menos y que los ciudadanos lo van a tragar sin más.

Por lo que llevamos visto, ni la derecha ni el empresariado y las grandes fortunas tienen intención de renunciar absolutamente a nada: no a tocar la reforma laboral, no a que los ricos paguen impuestos, sí a que los abales del Estado y el dinero público siga fluyendo al modelo de economía neoliberal de siempre y, visto quién cede y a favor de quienes, de seguir así de nuevo esta crisis la vamos a pagar los de siempre; solo que esta vez y si los ricos siguen sin pagar su parte no tendrían de dónde sacar suficiente para sus pretensiones; por ello, Casado quiere condiciones en Bruselas para beneficiarse de la tajada que venga de la UE.

La derecha es muy consciente de que con trabajadores en precario, parados y gente que va a los comedores sociales, o pequeños empresarios y autónomos en dificultades, poco queda de dónde exprimir para que el Estado satisfaga sus demandas, salvo que ya venga trincado de origen, la UE. Como afirmaba El Correo Gallego en junio pasado, "España es un país de gente pobre. Siempre lo ha sido porque su burguesía urbana apenas sí ha tenido más poder económico que el arañado al Estado".

No deberían olvidar los políticos ni los poderes económicos la advertencia que economistas, algunos Premios Nobel de economía y más de medio millar de millonarios vienen haciendo en los últimos tiempos, (y con mayor razón ahora con la situación creada por la pandemia), de que si siguen por ese camino estrangularán definitivamente el sistema capitalista y provocarán una rebelión social.

El secretario general de Podemos y vicepresidente del gobierno, Pablo Iglesias, propuso hace unos días que en España se estableciera una tasa o impuesto extraordinario para la reconstrucción del país, tasa que recaería sobre las personas con grandes patrimonios: del 2% a partir del millón de euros; el 2,5% a partir de 10 millones; el 3% a partir del 50 millones de euros y el 3,5% a partir de 100 millones. Con respecto a esa propuesta, Juan Torres señala que está en la línea de lo que vienen proponiendo economistas de izquierdas y propietarios de grandes fortunas de EE UU, Alemania y Francia.

En 2011, en Alemania un grupo de millonarios hizo un llamamiento exigiendo que en tiempos de crisis se aumentar la tributación de las grandes fortunas para que contribuyeran a incrementar los ingresos del Estado. Ese mismo año, en Francia 16 de las grandes fortunas pidieron al Gobierno que les impusiera una contribución excepcional para salir de la crisis. En EE UU está reciente el llamamiento de 400 millonarios pidiendo que les aplicaran una subida de impuestos con similar fin; al respecto del empresariado estadounidense, nos recuerda Torres que el inversor Warren Buffet dijo en una ocasión que él pagaba de impuestos entre renta y cotizaciones el 17,7% frente al 32,9% de media que pagaba el personal de su empresa, en la que ninguno pagaba menos que él.

Es cierto que no todos piensan lo mismo, pero quienes hacen este tipo de propuesta saben que es imprescindible porque lo contrario será el suicidio del capitalismo; esto es algo que ya sabían quienes en su día impulsaron medidas de bienestar social para paliar sus efectos más negativos.

El día 13 de julio la suerte de los gallegos estará echada. ¿Seguirá la privatización progresiva de la sanidad? Y los ancianos, ¿tendrán su atención sanitaria garantizada, sin discriminación por su edad? ¿Quién cambiará en las condiciones de las residencias y la protección a la dependencia? ¿Habremos elegido un programa viable y sostenible, una candidatura confiable y sin trayectoria de corruptelas?

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