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Día del indeciso

La mejor manera de proteger a un indeciso sería meterlo en una reserva natural, al menos durante la jornada electoral, para que no se sienta forzado a hacer algo que va contra su naturaleza

La jornada de reflexión debiera llamarse más correctamente «Día del indeciso». No entiendo por qué hay día para madres, para padres, día del Orgullo, día del trabajador y no haya uno para los indecisos. La jornada de reflexión se monta para ellos, así que ésa sería la fecha correcta para el día de la indecisión.

Las personas decididas ya saben hace meses a quiénes van a votar; la mayoría de los dubitativos puede que se hayan decantado hace ya algunos días, durante la campaña. Pero el indeciso de verdad no. El de verdad no sabe luchar por lo suyo. No se decide. Por eso nunca forman un colectivo ni reclaman sus derechos. Si a un indeciso le da usted una Fanta de limón, se la beberá sin rechistar; pero si le da a elegir entre una de limón y otra de naranja, se bloqueará y no beberá nada.

El indeciso es como una bomba de relojería programada para estallar en el colegio electoral. Se planta ante la mesa donde se exhiben las papeletas sin saber si va a votar y acaba cogiendo una a boleo sin verla, porque no quiere saber si está votando a Lores, a Domínguez, a Revenga o al de Vox, sea cual sea su nombre. Eso le causaría un enorme desconcierto.

Y eso que les dejan un día entero para reflexionar después de cuatro años para informarse. A los indecisos hay que quererles. Deberíamos hacerles regalos. Ceniceros de barro hechos con nuestras propias manos, dibujos o tazas que pongan: "¡Soy el mejor indeciso!". Alguien supuso que si al indeciso se le daba un día para reflexionar, se decidiría. Obviamente se equivocaba, pero el día quedó instaurado aunque no de forma oficial, que es lo que se exige. Es verdad que los indecisos son personas ensimismadas y poco expresivas, pues tienden a la introspección, pero descuide, ante todo son indecisos. La culpa no es de ellos, sino de la sociedad que les permite votar, por mucho que sea anticonstitucional lo contrario.

¿Para qué quiere votar un indeciso? Si total se pasará los siguientes cuatro años sin poder arrepentirse. Un indeciso jamás podrá resolver si ha votado bien o mal. Si después de cuatro años, y a 24 horas de acudir a su cita con las urnas no se ha decidido, mejor es que no vote. Los que necesiten pensarlo en el último minuto deberían ser expulsados del censo, y esto no solamente lo pienso como indeciso sino también como asmático, que soy ambas cosas y a mucha honra.

Al indeciso hay que protegerlo como al lince ibérico, no porque esté en riesgo de desaparecer, todo lo contrario, sino porque es un ser frágil y voluble. La mejor manera de proteger a un indeciso sería meterlo en una reserva natural, al menos durante la jornada electoral, para que no se sienta forzado a hacer algo que va contra su naturaleza: decidir.

Otra opción sería apalearlos en las puertas de los colegios electorales, aunque al parecer ya se ha hecho con gente decidida y los melindrosos en Europa no lo ven con buenos ojos. Así que la alternativa es darles un abrazo y dejarlos en sus casas, viviendo su indefinición alegremente. A todo aquel que dedique la jornada de reflexión a reflexionar sobre su voto, tendría que retirársele durante 48 horas el DNI, por eso, por indeciso.

Si es usted una de esas personas, ni se moleste. Su municipio no lo necesita para votar, no se haga el valiente. Igual es usted bueno para otras cosas útiles a su comunidad, como beber Fanta de limón, pero no todo el mundo tiene que servir para todo, hágame caso, que esto lo digo desde la experiencia. Hay gente que vale para pintar, para diseñar una nave espacial o para irse de misiones pero no para votar. Qué pasa. Hay cosas que no se aprenden, se tienen o no se tienen. No se avergüence. Denantes indeciso que sinxelo!

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