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Cuadrar cuentas y cuentos

NO SE preocupe señor ciudadano, también votante sea ocasional, perpetuo o testimonial. Si usted vuelve a sentir que algo se deteriora en los servicios públicos, en las prestaciones, en el sistema, no se alarme. No sucede nada que no sea normal, y en ocasiones hasta frecuente. Todo falla. El sistema ha colapsado. Una sobrecarga en la red. Esa red de millones de euros y millones de funcionarios, pero también de políticos que está exhausta. Extenuada. Que no duerme. Una letargia y una vigilia que les tiene en perenne vilo.

Si usted ve que las carreteras nacionales, comarcales, corredores... están con baches, fracturadas, sin pintura o deteriorada, los arcenes sin desbrozar, es normal. En este tiempo de calores y ferragostos mentales, no se puede trabajar más de treinta y seis horas al día. Lo mismo puede usted aplicarlo a hospitales, ambulatorios. Colegios en realidad no, porque cierran y echan el candado del silencio por un tiempo para el descanso de profesores y pupilos.

No, no es una broma. Si usted ve que ya nuestros políticos no suscitan la atención de los medios, que ningún periodista acude solícito a ruedas de prensa vacías de argumentos y diatribas anecdóticas no se debe a un arrebato de autocrítica. Ni mucho menos, tampoco por que estén en las playas. Menos en este tiempo de un agosto frío, nieblino y pasado por cierta agua.

Es que no hay Gobierno. Que sigue en funciones y que ahora la abogacía del estado, ese aire puro que nos permite a los españoles hasta respirar, dice que un Gobierno en funciones está limitado y tiene las alas recortadas. Menos mal que muchos de esos abogados aún permanecen en los rellanos de lo público y no han girado a la empresa privada. Lo cuál es lícito. Solo se les exigen muy pocos años para pasar. Girar. Esquivar y regatear. Pero acaban de recordarle al presidente en funciones lo que significa eso de ser en funciones.

Pero ahora viene lo mejor. Algunas comunidades aprovechan para recortes y ajustar cuentas, ya no las cierran en sus ejercicios antes de tiempo, alegando que el Gobierno está en funciones y la chequera se ha quedado sin tinta de impresora. Más si el que gobierna no es de la cuerda. Que en todo hay cuerdas algunas son pequeñas sogas para asfixiar livianamente al adversario pero sin dañarle. O esa es la intención. Empiezan a ser ya muchas las comunidades que acucian números rojos y el oxígeno de la financiación está bloqueado desde Madrid, y el Gobierno, o lo que se parezca ya, que nadie sabe ya a qué en su caso, alega que mientras siga el bloqueo no puede hacer nada. Pero quién bloquea más, el que quiere o el que puede. Y en estas está el mezquino juego de los ditirambos políticos. ¿Quiénes son o somos los perjudicados? Los ciudadanos.

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