Opinión

Un secreto a voces

Hay quien quiere ser la voz cantante, mientras otros viven siendo siempre una segunda voz

LUZ AMABA relacionarse con sus amigos. Con los de siempre y con los nuevos, los que iban surgiendo con cambios de trabajo, de casa, o inicio de actividades... Era Luz una persona abierta, charlatana, resuelta... pero tenía un temor del que casi nadie se percataba: su propia voz. Y no su voz interior, que de esa sabía bastante. Sino su voz, la que proyectaba al hablar, de la que no se daba cuenta en la vida cotidiana y la que fue descubriendo a través de grabaciones. 

Primero llegaron los walkman en los que sus amigas se grababan dando paso a canciones o haciendo creaciones más o menos artísticas y sobre todo, muy adolescentes, en las que Luz nunca pudo participar. Luego fueron los vídeos caseros, en los que se mantenía siempre callada porque no soportaba escucharse después. Y hace relativamente poco, cuando es Luz ya una mujer madura, aparecieron los temidos y temibles audios de whatsapp. No puede, no es capaz. Por más ocupadas que tenga las manos, por más prisa que la apure, no puede enviar un audio. El simple hecho de que su voz quede registrada la pone nerviosa. El pensar que alguien la puede escuchar también. Sobre todo por lo diferido de la cuestión, porque sí es capaz Luz de hablar por teléfono aunque tampoco le entusiasma. 

Recibe con sorpresa audios de otras personas, con los que siempre se queda reflexionando acerca de su capacidad para hacerlo en contra de su propia incapacidad para hacerlo. Es algo extraño: no recuerda haber tenido ningún problema con su voz, no era una voz rara ni tan siquiera desagradable, tiene la voz de la mujer que es, no se trata de un miedo estético sino temporal. Lo que se refiere al tiempo, lo que permanece y lo que pasa. Es capaz de mantener una conversación de horas desnudándose entera, haciendo uso de su voz como vehículo para contar su historia, pero no puede dejar constancia de todo eso, no puede ni tan siquiera permitir que un audio que indica un lugar para un café, o una hora, permanezca en el tiempo. Es Luz una mujer apegada a lo efímero, aunque sea esta frase en sí misma una contradicción. 

Es Luz una mujer apegada a lo efímero, aunque sea esta frase en sí misma una contradicción

Enviar un audio significa, además de que se su voz quede guardada en un frasco, que hay otra persona, al otro lado, que la tiene guardada igual, que la puede analizar, que puede escucharla una y otra vez. Tal vez un psicoanalista tenga una buena explicación al caso de Luz, que es el caso de muchas personas. Cuando uno se escucha por primera vez fuera de su propio cuerpo se sorprende, se disgusta, porque no es esa la voz que tenemos para nosotros, es la que damos al resto. Porque es la voz nuestro propio interior sacado fuera, porque es la voz mucho más que una vibración de las cuerdas vocales. 

Es la voz nuestro yo, es nuestra seña, es nuestra manera de enseñar lo de dentro. ¿Qué es la música sino la voz de los instrumentos, la voz de una persona que nos enseña lo que siente? Es con la voz con la que mostramos simpatía, ironía, complicidad, enfado, amor... Por eso muchas personas prefieren los audios de whatsapp, porque es un paso más allá en las conversaciones a través de una pantalla. No es una llamada, pero desde luego que no es un mensaje de texto escrito, frío sobre una pantalla, con una letra igual para todos. Tenía también Luz amigos de este tipo, de los que no dejan de enviar audios de voz. Ella los recibe, los escucha, y confirma que ella no puede. 

Conocemos a personas que nos atrapan por distintas razones, pero la voz es una de ellas aunque no reparemos en ella a primera vista. La voz viste, muestra, y provoca atracción o rechazo, son los segundos ojos, la segunda manera de encontrar al otro. Seguro que ha conocido a alguien del que no soporte su voz, que le provoque agotamiento, así como habrá conocido a personas que solo quiere que le hablen, aunque no digan nada demasiado importante, porque lo saben vestir, sin querer, o queriendo, con su propia voz. Podríamos hablar de profesores, de actores de doblaje, de actores en general, de profesionales de la radio, de profesionales de la televisión, de personas que trabajan cara al público, de voces que escuchamos de refilón... hasta la Sirenita es castigada sin voz. 

Es la voz que Luz no puede mostrar un susurro de amor, una voz que no sale porque una lágrima la atrapó, una risa sonora en una reunión de amigos, la sonrisa del que no tiene voz: literal y figuradamente, la primera palabra de un niño es su primera voz. 

Hay que darle voz, decimos cuando queremos que algo salga; no tienen voz, decimos cuando no hay derechos. Y Luz sigue escuchando sin grabar.

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