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No hay quinto malo

Harrison Ford
Harrison Ford

Está considerado "el Ferrari de los actores". Camina hacia los 80 años, convertido en Indiana Jones por quinta vez, algo natural para él. Al menos, es lo que dice mientras camina hacia esa década con un cuerpo atlético, en plenitud de facultades, un prestigio profesional incuestionable y una salud de hierro. El aventurero del cine por excelencia, que se siente irlandés como persona y judío como actor, ostenta -entre otros- el título del intérprete con los mayores ingresos de taquilla de la historia del cine. Hasta hace muy poco era el único actor que no se había muerto nunca en una película "pero ya tenía ganas de que me dieran esa opción".

Recuerdo, como si fuera hoy, la primera vez que le entrevisté. Fue en Nueva York, en el hotel Waldorf Astoria. Era el junket promocional de La sombra del diablo, que protagonizaba junto a Brad Pitt. Durante el rodaje habían "saltado chispas" entre ellos y para las entrevistas habían pedido estar en dos pisos del hotel diferentes, lo que suponía un stress añadido para publicistas y periodistas.

No querían encontrarse ni por los pasillos, lo que se convirtió en una especie de juego del "ratón y el gato", que nos llegó a divertir en un momento determinado. Lo mejor de todo fue disfrutar del espectacular trasero del rubio Pitt, que no dejaba de deambular de un lugar a otro para evitar a ese Ford con el que no quería ni compartir una cerveza. Tal vez hoy las cosas sean distintas.

Era sorprendente comprobar el silencio que se hacía ante la llegada del actor de Chicago. Ford es un hombre que impone. Sólo el click de las cámaras de los fotógrafos rompía la tranquilidad de la prensa que esperaba. No le pesa la edad y, lejos de estar acabado, Harrison Ford tiene las claves para resucitar al mejor Indiana Jones.

Dicen que la edad le ha vuelto un poco cascarrabias y, aunque nunca ha sido un derroche de simpatía, siempre se ha mostrado muy hábil a la hora de guardar las apariencias. Ante las preguntas incómodas, se convierte en un experto en sacar el látigo y poner a cada uno en su sitio.

Pese a ese hermetismo y a su afición a "pasar de puntillas" en los temas personales, han trascendido algunas cosas que le engrandecen como persona. Su primera mujer, madre de sus dos hijos mayores, es víctima de esclerosis múltiple. Desde hace mucho tiempo, Ford sostiene psicológica y económicamente su tratamiento, le ha comprado una casa habilitada para sus limitaciones y se hace cargo de todos los gastos médicos que genera su enfermedad.

Para mantenerla a ella y sus dos hijos, hace ya muchos años, se hizo carpintero. Hoy sigue haciendo algunos muebles de su casa, en el taller que tiene en los bajos de su rancho de Wyoming. En sus comienzos se dedicaba a hacer trabajos de ebanistería en casas famosas. Un día estaba montando una escalera en casa de George Lucas y éste le pidió que le ayudara a dar la réplica a los actores, que se presentaban al casting de su próxima película. Después de las primeras pruebas, Lucas se dio cuenta que Ford era perfecto para interpretar a Han Solo en Star Wars.

Y ahí empezó su despegue como actor de élite, esa segunda vida que hoy sigue exprimiendo hasta el límite.

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