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Quiero ser diferente

A sus 58 años, Maradona se ha acordado de la importancia de la salud. Es normal. ¿No dejamos todos nuestros asuntos para el último momento?

Maradona en una rueda de prensa en México. TONY RIVERA
Maradona en una rueda de prensa en México. TONY RIVERA

“Tengo que pensar en mi salud”. Con esta frase ‘Maradó’, ‘el 10’, ‘el Pelusa’, ‘D10S’, ‘el Pibe de Oro’ y en definitiva Diego Armando Maradona, anunciaba su renuncia al fútbol. Probablemente un hasta pronto, aunque no lo sabemos.

A sus 58 años y tras enfangarse durante la mayor parte de su vida, el que para muchos es el mejor jugador de la historia se ha acordado de la importancia de la salud. Es normal. ¿No dejamos todos nuestros asuntos para el último momento? Los deberes, el informe, el ‘te quiero’…

Y es que aunque Calamaro canta “Maradona no es una persona cualquiera”, sí lo es. El mito de este argentino se basa en la normalidad llevada al extremo. Su glorificación, como indica el sociólogo Pablo Alabarces, parte de una ‘épica del pobre’ que avanza hasta convertirse en una “mercancía mediática, en un símbolo congelado reducido a la memoria”.

‘El Diego’ es una suerte de Tony Soprano real. Empatizamos con buena parte de su forma de ser, envidiamos su capacidad para hacer siempre lo que le venga en gana, alabamos su gloria futbolística y nos sentimos mejores que él cada vez que monta un escándalo. Ahí lo repudiamos, lo apedreamos desde nuestros altares morales y a la vez nos vanagloriamos de no meternos cocaína, de no ser acusados de violencia de género o de no acudir borrachos a eventos. 

Porque nosotros no hacemos esas ‘cosas malas’, ¿o sí?

No, nada de eso. Somos ‘veganos’, ‘políticamente incorrectos’, ‘taurinos’, ‘comunistas’, ‘animalistas’, ‘católicos’ y una infinidad de etiquetas. Una búsqueda de una identidad que nos permita ser diferentes… como Maradona. La verdad es que en la Colmena a todos nos gustaría ser ese “negrito respondón y deslenguado” que se enfrenta a la Fifa. 

Él se ha forjado su identidad actuando como una persona. Con actitudes más que reprochables pero las que podría tener cualquier ‘nene’ salido de Villa Fiorito.

Es el amigo de Fidel Castro, Maduro y Putin. El cacique populista. El futbolista del pueblo. El hombre decadente con el cerebro lavado. “Maradona es el Perón de los noventa, el único líder posmoderno capaz de seguir luchando en el fin de siglo argentino por la liberación o la dependencia. Maradona es, también, la Evita de los noventa. Uno de los amados grasitas, un descamisado de Versace”, escribía el periodista Carlos Ares.

Sin embargo si algo define a Diego Armando es el ser un pecador reincidente pero también haber cumplido siempre con la penitencia. Se ve que aún le queda una poca más con la que lidiar. 

A estas alturas carece de sentido juzgarlo, en especial porque el que es considerado un dios es él. Además, “si yo fuera Maradona, viviría como él”. ¿Y ustedes?

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