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Desagravio al cocido censurado

"VIOLENCIA GRÁFICA, lenguaje que incita al acoso, bullying o desnudos y actividad sexual". Estas son las razones por las que Instagram ha eliminado unas imágenes que había publicado en la red un ciudadano vigués celebrando "el primer cocido del año que le preparaba su madre". La censura –que gran ofensa– de la citada red social consiguió todo lo contrario de lo que pretendía. A mi entender esta acción es la mejor propaganda que hasta ahora se ha podido hacer al más tradicional y exquisito plato gallego, después de que la denuncia del autor de las fotografías se convirtiese en la noticia del día –y sucesivos– en radio, prensa, diarios digitales, televisión y en todo el entorno de la nube de internet. Por cierto, al poco tiempo Instagram ha reconocido –sin pedir disculpas– su error y ha devuelto a las red las imágenes eliminadas. Gracias a ello todo el mundo –dentro y fuera de nuestras fronteras– habla del cocido galego y somos muchos los que, como desagravio, apuramos ya su degustación sin esperar a que llegue San Martín (a todo porco lle chega o seu San Martiño).

Personalmente, y como desagravio al desatino de Instagram, quiero solidarizarme con el autor de las fotografías censuradas hablándoles hoy del cocido, uno de los platos más antiguos de la Península Ibérica. Según numerosos gastrónomos, habría que remontarse a los siglos II y III a.C para hablar de sus orígenes. Son variados los cocidos que podemos disfrutar en la cocina española: madrileño, vasco, montañés, maragato y por supuesto el rey de todos ellos: el gallego. Así lo describe el insigne escritor Álvaro Cunqueiro: "Es un plato de crego, al que hacen fiesta en Lalín, que aunque lleve patatas, garbanzos, verdura o grelos, y carnes de ternera y gallina, es ante todo un homenaje al cerdo. Allí están, de la cabeza, el morro y las orellas; el lacón, las costillas, el espinazo, el rabo, tocino, unto, chorizos...". Y quien suscribe, para completar añadiría: un postre a base de filloas acompañadas de una buena medicina como es un el licor café. Su concentrado caldo –el del cocido– es además muy adecuado para los duros, húmedos y fríos días invernales del clima galaico. Para su preparación se requiere tiempo: coción a fuego lento, tranquila degustación y paciencia para digerirlo en paz.

En definitiva, el cocido es toda una institución, un monumento culinario diría yo, ante el que rendirse. Y tiene además el valor añadido de ser el mejor motivo, la excusa perfecta, para la reunión familiar del domingo, para celebración del patrón del pueblo o para reunir a los amigos alrededor de la mesa. Como ya nos dejó escrito don Ramón del Valle Inclán en su obra Cociña Galega, "siempre se encontrará un hatajo de gallegos citándose para comer un cocido". Y es que el cocido nos une. ¡Viva o cocido galego e que cho reparta o corpo! E si chove, que chova.

Desagravio al cocido censurado
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