Opinión

Don Jesús, 'o cura de Placeres'

Dos años hace que falleció Jesús Acuña Garrido (Vilaboa 1941-Pontevedra 2020), párroco de San Andrés de Lourizán desde principios de los años setenta hasta su fallecimiento en 2022. Su muerte se produjo debido a graves problemas de salud, y la noticia supuso una importante conmoción, no solo en la parroquia sino además entre las poblaciones de Marín y Pontevedra donde era persona muy estimada. Aquel 21 de julio de 2020, Lourizán no solo perdía a si párroco sino también a un buen vecino y a un consejero, como así era considerado. 

Jesús Acuña se hacía cargo de la parroquia a finales de los años 60 —habiendo pasado antes por la capilla del Poblado de Celulosas— con carácter provisional y allí se quedó hasta su muerte. A lo largo de los años se fue haciendo con el cariño y el respeto de la vecindad que medio siglo después le organizaban los actos conmemorativos de sus Bodas de Oro vocacionales a los que se sumaron numerosas personas de dentro y fuera de Estribela y Lourizán y en los que le fue impuesta la Medalla de Oro por ser “persona muy generosa, bueno con nuestro pueblo por lo que la gente le aplaude y porque lo queremos mucho”, decía entonces el representante de la organización del homenaje. 

De grato recuerdo es Jesús Acuña Garrido, al que popularmente se le conocía como 'don Jesús, o cura de Placeres' por la gran labor pastoral que realizó

De grato recuerdo es Jesús Acuña Garrido, al que popularmente se le conocía como ‘don Jesús, o cura de Placeres’ por la gran labor pastoral que realizó. "Vivió con los vecinos y sufrió con ellos las agresiones más duras que transformaron la parroquia, y que él la citaba cada vez que tenía ocasión: la Celulosa, los rellenos y el paso del tren al Puerto de Marín, conflicto éste que le lleva a ponerse del lado de las protestas de los vecinos, lo que le valió el calificativo de cura rojo. "Ni rojo, ni azul, ni amarillo, decía. Soy un cura comprometido. Me limito a hacer lo que tengo que hacer, estar al lado de mis feligreses". 

Pero centrándonos en su gestión parroquial que es lo que me lleva a recordarlo hoy habrá que decir que es imposible olvidar al cura de Placeres, ni por supuesto lo olvidan los feligreses que el pasado sábado le dedicaron una misa de segundo aniversario y en la que algunas de aquellas personas asistentes se las oía decir: "Don Jesús era moi especial. Era un bo párroco dos que xa non quedan. Nunca cobraba polos servicios que facía. A igrexa dos Praceres xa non e a mesma sin él. Que Deus o teña na gloria que ben o merece". 

Don Jesús seguirá siendo recordado como así lo han querido los vecinos erigiendo —hace seis años— en el atrio de la iglesia un monolito en cuyo pie figura su imagen tallada en piedra. Es el símbolo que inmortaliza a un párroco siempre pendiente de quien lo necesitaba, y esto no es fácil olvidar. DEP

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