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Marín 'in memoriam' a Xaquín Soneira

"LA MUERTE no existe, la gente sólo muere cuando la olvidan". El reciente fallecimiento del reconocido artista marinense Xaquín Soneira Patiño nos cogió a muchos por sorpresa. Por eso no dábamos crédito a la noticia que nos conmovió nada más conocerla. Yo traté a Xaquín Soneira y con el hablé distendidamente, –en una de las ocasiones en las que coincidí con él en sus visitas habituales al Museo M. Torres–, para conocer datos de su vida artística que después, como le dije, me servirían para la elaboración de un articulo que le dedicaría en este periódico y que posteriormente incluiría en mi libro De todo un poco (2015). De aquella conversación extraigo y publico hoy –a modo de in memoriam– algunos retazos de lo que él me contó en relación con su afición por la pintura. En aquel momento él tenía 61 años los mismos –como decía– que llevaba pintando porque se había criado y crecido entre pinceles y paletas –su padre pintaba y dos de sus hermanos también– hasta que llegó el día en que "planteime diante dun cuadro de Miró e dixen: isto tamén o fago eu". Y ahí empezó su carrera como pintor. "Uno de los que mejor trasladan al lienzo a través del acrílico la abstracción figurativa dándole a la tela los colores por los que se siente atraído y que aportan mucha más luminosidad que las acuarelas", según sostienen los entendidos en estas cuestiones del arte pictórico.

Definido como "autodidacta del abstracto" Xaquín no era un artista al uso. Era algo especial, tanto en su carácter como en su arte. Sus inicios, cara a dar a conocer su arte, comienzan cuando se atreve a exponer públicamente. Lo hace en 1974 colectivamente al aire libre y en la Alameda de Marín. Sobrepasaba en muy poco los veinte años de edad .Es a partir de entonces cuando proliferan sus exposiciones y siempre en la tierra que lo vio nacer: "A mín soio me gusta expoñer en Marín onde nacín. Non me gusta facelo fora da miña terra", me confesó. Era mucho su amor por Marín. Tanto era, que llegó a rechazar ofertas de importantes galeristas, en algunos casos de Nueva York e Italia. La única vez que él, me dijo, que había salido afuera fue para exponer en una de las Bienales de la Diputación de Pontevedra.

El arte es el legado que Xaquín Soneira deja a los marinenses. Sus cuadros lo inmortalizan porque el artista no muere, se va su persona pero nos deja el espíritu vivo de su obra que perdurará en el tiempo. Es una pena que se haya paralizado el proyecto apoyado por numerosas firmas de amigos y admiradores –yo fui uno de aquellos firmantes– ideado hace seis años de crear la Plataforma Xaquín Soneira con el objetivo de reconocer su trayectoria artística como pintor de vanguardia. Retomarla sería el mejor homenaje póstumo que se le podría tributar.

Marín 'in memoriam' a Xaquín Soneira
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