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Marín, el tranvía a vapor (y III)

El Tranvía a Vapor de Pontevedra-Marín arranca el 12 de junio de 1889 -su inauguración fue declarado como un "acontecimiento memorable para Marín con salida desde la ciudad capitalina haciendo un recorrido de unos siete kilómetros con una duración de media hora. Tenía paradas en Mollabao, Lourizán y Placeres (donde se bajaba mucha gente para ir a las playas que entonces había en esa zona de la Ría) Estribela, Cantodarea y Marín. Estaba dotado de tres jardineras para viajeros y máquina a vapor. El personal que tenía a su cargo la conducción y mantenimiento del tranvía eran un maquinista y un fogonero, además de los jefes de Estación, una en cada punto de salida y destino. Su inauguración fue declarada como un "acontecimiento memorable para Marín". 

La repercusión fue tal que hasta el escritor, humorista y cronista Wenceslao Fernández Flórez escribía acerca del ya famoso tranvía que llegó a definirlo como "una de las maravillas del mundo". Y ya anteriormente Julio Camba y Alfonso Castelao, lo hacían sobre "la pintoresca senectud del popular convoy". "Pocas creaciones de la mente humana pueden, seguramente, vanagloriarse de haber proporcionado asunto a una tan copiosa literatura, como la que en torno a la vida y milagros del tranvía de Marín se ha producido" (V. Paz Andrade. Diario de Pontevedra 1920). Durante los años de la existencia del tranvía se han hecho más chistes sobre él que los que se atribuyen a Quevedo. 

A lo largo de los años de su funcionamiento —realizaba diez servicios diarios entre las seis de la mañana y las nueve de la noche—, aquel moderno medio de transporte, pensado para facilitar a la población el poder viajar de manera cómoda y rápida, comienza a hacer agua dada la precariedad de los materiales empleados en su construcción que originaban continuas averías. Las paradas eran frecuentes en su recorrido. La lentitud se hacía insoportable y era tal que os viajeros subían y bajaban en marcha. Las crónicas de los periódicos siempre tenían alguna anécdota o suceso que publicar en relación con el tranvía. Casos como "atropellos de peatones; algún que otro descarrilamiento... ". La empresa intentaba acallar los negativos comentarios prometiendo la reconversión de la locomotora a vapor en locomotora eléctrica, una promesa que tardaron mucho en cumplir. Todo aquello repercutía en los costes casi inasumibles por parte de la Sociedad fundada para su explotación, y por supuesto en la pérdida de beneficios a los accionistas. En definitiva no cumplía con las expectativas puestas en un principio. Aún así y a todo el tranvía a vapor de Marín llegó a los 35 años de edad (1889-1924). 

La defunción del Tranvía a Vapor tuvo lugar el 12 de febrero de 1924. El obituario que le fue dedicado en la prensa decía: "Hoy jubilan al viejo y achacoso tranvía de Marín. ¡Bien ha ganado el descanso el anciano artefacto¡ Alegrémonos y tengamos para él un recuerdo de devoción y respeto".

Marín, el tranvía a vapor (y III)
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