Opinión

Todo de color rosa chicle

Un amigo acompañó el pasado domingo al cine a su hija pequeña, que ese mismo día ejercía por primera vez su derecho al voto. Se sumaba al carro de ver Barbie. Cuando salió de la sala no se explicaba por qué había entrado. Otro colega cuando llevaba a la menor de sus descendientes, que aún no tiene edad para conducir, al concierto de un rapero se cruzó por la carretera con un autobús de viajeros tuneado con el anuncio de la película de moda. No acierto a entender cómo una inanimada muñeca, que tiene más años de vida que yo, puede ser la musa de los guionistas de un largometraje de éxito de público, de casi dos horas de duración, cuando yo sudo tinta china para encontrar temas insustanciales que inspiren mi breve columna. Ahí radica la capacidad de creación. Está visto que ni el azul, ni el rojo imperan. El color del verano es el rosa. Pero no un rosa cualquiera, sino el rosa chicle. Ahí aflora otra de mis frustraciones. Como ya comenté más veces, soy incapaz de distinguir más tonos que los del arco iris y esos a duras penas. En mi paleta no caben las gamas de rosa bebé, rosa palo, fucsia, rosa chicle... Me quedé anquilosado en la pantera rosa, el personaje de dibujos animados y el pastelito.

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