Opinión

La gran catástrofe

Por mucho que se intente filtrar la información, o fomentar la desinformación, al final la realidad siempre encuentra algún resquicio para aflorar y, pese a que la verdad es la primera víctima de toda guerra, cada vez son más las voces que se levantan y desvelan los pies de barro de la superpotencia hegemónica como de los grandes héroes que arengas a sus ejércitos a luchar con pólvora ajena.

Ucrania está siendo masacrada, la U E arruinada y el mundo al borde del desabastecimiento y la hambruna. Y mientras todo eso sucede, las petroleras y las grandes corporaciones de la energía, luchan a brazo partido para que sus lobbies frenen la descarbonización y se hagan con todo el negocio de las supuestas energías verdes, (que no todas son tan verdes, ni tan viables y eficientes como nos quieren hacer creer), pero que se harán con una buena parte de los fondos Next Generation.

Y mientras todo esto sucede cual si no hubiera conexión alguna entre una cosa y la otra, algunas personas con conocimientos bien fundamentados, con ética y conciencia social, intentan dar la voz de alarma ante una catástrofe humanitaria de proporciones ingentes y un alto grado de riesgos inminentes.

Con respecto a la potencia hegemónica por antonomasia, hay que reconocer que EE UU estaba al borde de la quiebra técnica y, por mucho que la venta del viejo stock de armamento obsoleto y las nuevas partidas fabricadas con destino a Ucrania y a la OTAN le hayan servido de alivio a la industria, lo cierto es que su nivel de inflación actual supera el 8%; además se calcula que el 50% de los norteamericanos no poseen más de 1.000 $ en el bolsillo y los precios están disparándose, como en el resto del mundo, y por supuesto que la energía también allí escasea mientras Biden se debate entre la descarbonización y la protección del medioambiente o la huida hacia adelante. Pese al dicho de ¡qué mejor que una buena guerra para disimular los problemas que uno tiene en casa!, por mucha distracción que la guerra pueda provocar, los conflictos internos parecen a punto de estallar.

Afirman Noam Chomsky y Melanie Klein que los EE UU y su herramienta de guerra, la OTAN, no son rivales para la potencia Rusia- China y que la UE eligió al socio equivocado perdiendo con ello la posibilidad de su desarrollo independiente como potencia económica y también la oportunidad de tener relaciones políticas fluidas e intercambio económico con su socio natural, Rusia. Europa depende energéticamente de Rusia y, sin las relaciones comerciales con Eurasia, no será nunca la potencia que pudo haber sido. Otra cosa que la UE ha perdido es la de tener una política geoestratégica, como tal, propia e independiente de otras potencias.

En la guerra de Ucrania todos pierden. La UE va camino de la ruina; su política seguidista de los interese estadounidenses la obligan a un elevado gasto en armamento que va en detrimento del bienestar de la ciudadanía y dispara el endeudamientos de muchos de sus países. Por otra parte, la aplicación de las sanciones impuestas a Rusia están siendo tiros en su propio pie. Cuando el empobrecimiento apriete en serio, veremos las reacciones y la revuelta social. Y es algo que no se hará esperar mucho, porque los alimentos han subido entre el 21 y el 25% en las carnes, frutas y hortalizas y se estima que los cereales aumenten un 40% su precio en los próximos meses y el resto de los alimentos tengan una subida nunca vista, según previsiones de instituciones oficiales. En cuanto a Ucrania, escenario de un enfrentamiento entre potencias, "el loco Zelenski inmola a su pueblo… en el altar del nacionalismo. Así lo expone el Coronel Martínez* Inglés para el que Zelenski ha conducido a un suicidio colectivo a la ciudadanía ucraniana. Dice que «terminó la ficción en Ucrania», «la cruda y trágica realidad se abre camino de forma imparable destrozando el sibilino relato montado a favor de sus intereses espurios por parte de EE UU, OTAN y UE».

Sus palabras son duras por el hecho de ocultar lo que de verdad venía ocurriendo en esa antigua república soviética y «porque la propaganda occidental haya convertido en un héroe hepopéyico» a quién es un profundo analfabeto funcional en cuestiones castrenses que pensó que armando con ayuda de la OTAN a un ejército desmantelado y obligando a prestar servicio al ejército a los varones de 18 a 60 años, podría pararle los pies al ejército ruso. Martínez Inglés califica de genocidio claro esa decisión de Zelenski. Con un lenguaje duro como no es habitual topar, viene a decir algo que también otros militares, incluso los que han tenido cargos en el Pentágono o en la OTAN habían manifestado anteriormente, coincidentes incluso en la opinión sobre el ejército ruso.

Tampoco Rusia sale indemne de esta operación, llámese invasión o cualquier eufemismo, y lo mismo que se puede decir de Zelenski se podría decir de Putin y los oligarcas de ambos bandos, sin olvidar al resto de los participantes en mantener y alargar esta guerra.

Insisto una vez más y creo que es bien obvio. La guerra es destrucción, ruina y muerte y los únicos que ganan con ella son los que no pisan el campo de batalla y se enriquecen en la sombra. No importan las vidas ni el sufrimiento de la gente, solo el afán de poder y el dinero cuentan para la élite.

Me pregunto una y otra vez qué tienen en la cabeza nuestros gobernantes. ¿Dónde están la empatía, la razón y la ética? ¿Y qué entienden por buen gobierno? No estaría demás que se preguntara a la ciudadanía qué piensa sobre las decisiones que nuestros gobernantes están tomando, esas que destinan a la guerra el dinero previsto para la paz y avivan, en lugar de frenar, la escalada de este desastre.

Comentarios