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Así, ¿hasta cuándo?

UN MES después de las elecciones, nuestros responsables políticos ni siquiera se han sentado formalmente a hablar. Existen, eso sí, mensajes subliminales, llamadas de fin de semanas, twuits, ruedas de prensa, entrevistas, pero de fundamento, nada de nada.

Nunca nadie dijo que a tenor de los resultados que las negociaciones iban a ser fáciles. Las matemáticas no son fáciles pero las distancias políticas y las tácticas de unos y otros superan con creces las dificultades numéricas. A día de hoy, estamos como estábamos, solo que un poco más liados, más desconcertados y creo que más aburridos.

Lo ocurrido hasta el momento es, por lo menos, sorprendente. Mientras todos los medios daban por segura la candidatura de Rajoy, éste le decía al Rey que no había llegado su hora. Previamente, el Jefe del Estado, seguro que sin mover una ceja, se encuentra con un Pablo Iglesias venido arriba y es el propio Rey el que informa a un atónito Pedro Sánchez de la propuesta de Iglesias. Todo surrealista, sorprendente, inesperado.

Lo ocurrido hasta el momento es, por lo menos, sorprendente. Mientras todos los medios daban por segura la candidatura de Rajoy, éste le decía al Rey que no había llegado su hora

A partir de ahí más de lo mismo. Cálculos, llamadas, citas que no se concretan y cerrazón en las posiciones de casi todos. Todo este proceso está siendo muy poco serio y bastante irresponsable. Visto lo visto huelga realizar cualquier pronóstico porque cualquier acuerdo parece imposible hasta que, si quieren, sea posible.

Es verdad que no hay precepto alguno que establezca plazos para que se produzca una investidura, pero ésta no debe tardar. El paso del tiempo no es indiferente ni desde el punto de vista institucional ni económico. Dejar a España en estado paquidérmico es una seria irresponsabilidad.

Será a lo largo de esta semana cuando Rajoy tenga que decidir si cuenta con los apoyos necesarios. Todo apunta a que no y si esto le queda constatado, en ningún caso puede pedir otra prórroga. Así las cosas, las miradas se centran en el Rey que al término de esta nueva ronda tendrá que hacer una nueva propuesta. Si Sánchez se empeña en que es el tiempo de Rajoy pero Rajoy no suma, el tiempo será el suyo porque, nadie se llame a engaño, los barones no le van a poner una proa insalvable para el pacto casi imposible con Podemos.

El puzzle es endiablado. Por mucho que se intente faltan fichas y si al final se logran cuadrar el resultado será un gobierno, presida quien lo presida, ingobernable. Así podemos seguir y al final admitiremos al pulpo como animal de compañía.

Así, ¿hasta cuándo?
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