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De despedidas y celebraciones

David Sierra. ARCHIVO
David Sierra. ARCHIVO

Estamos en época de buenos propósitos, declaraciones de buenas intenciones e ilusiones por cumplir. En algunos casos también de cambios. Por ejemplo, mi querido entrenador de fútbol David Sierra, que ha dicho adiós a una etapa de dos años en el CD Lugo y ha aprovechado las redes sociales para agradecer este tiempo de duro trabajo y despedirse con la elegancia que le caracteriza. "Vine a ayudar y me he dejado la vida en ello. Os deseo lo mejor", le dedica a sus ya ex compañeros. 

Obviamente, un gesto tan deportivo ha tenido la oportuna respuesta de sus numerosos amigos, seguidores y de quienes, como yo, admiran su profesionalidad. Ya se lo han dicho en su cuenta de Facebook y se lo repito yo: una puerta se cierra, sí, pero seguro que más pronto que tarde se abrirán muchas otras, tal vez más atractivas e ilusionantes que las que se van dejando atrás. 

Este lunes es día de Reyes, día de disfrutar de los regalos, de descansar los que hubieran salido el domingo por la noche, de compartir menús familiares y de darle el último estirón a las vacaciones (esto va por los más pequeños de la casa). El que este domingo lo celebró muy especialmente fue otro rey, Juan Carlos I, que cumplió la friolera de 82 años. 

Tras su decisión de apartarse de la vida institucional el pasado 2 de junio, cinco años después de su abdicación en Felipe VI, don Juan Carlos ha asistido a varios actos de carácter privado. 

Su imagen más destacada fue cuando salió del hospital el pasado 31 de agosto, una semana después de someterse a una complicada intervención de corazón. 

"Estoy fenomenal, con tuberías y cañerías nuevas. Es como si te hubiera pasado un camión por encima, pero ahora a quitar el camión y para delante", dijo el exjefe del Estado a la salida de la clínica. 

En una de sus últimas presencias en público, apareció con una brecha en la parte frontal de la cabeza, que Zarzuela atribuyó a un leve accidente doméstico. Fue el 12 de noviembre en Londres, adonde se desplazó para disfrutar de un partido del tenista Rafael Nadal. 

Pocos días después, se desplazó a Sanxenxo a animar a la infanta Elena en una competición, en la que ha sido su última imagen pública. Y es que la Marbella del norte se ha convertido en población fetiche para el emérito, pues no duda en pasar aquí largas temporadas para disfrutar de sus amistades y de su gran pasión, la vela, un deporte que retomará a lo largo de este año. 

Con la reina Sofía también estuvo en la villa sanxenxina, así como en la boda de Rafael Nadal y en una comida con amigos en Madrid. Y es que no para.

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