Opinión

Mis noticias de los Goya

 
Diana López Varela lució un vestido de Dolores Promesas y complementos de Vainilla y Chocolate. DP - Goya
photo_camera Diana López Varela lució un vestido de Dolores Promesas y complementos de Vainilla y Chocolate. DP

NO ME digan que se aburrieron con los Premios Goya de este año, por favor. Yo, que soy una fiel seguidora de los galardones del cine español, no me pierdo ningún año la gala y tengo que decirles que nunca me aburre, pero la del sábado menos todavía. Andreu Buenafuente y Silvia Abril estuvieron espectaculares, por no hablar de los actores y actrices de Campeones, el director y todo el equipo de la película, con especial mención a Jesús Vidal y su discurso, que corre como la pólvora por las redes sociales.

Pero permítanme que me ponga pontevedresa y tire para casa, porque en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Sevilla había alguien que brillaba con luz especial. Les hablo del gallego Ángel De La Cruz y la pontevedresa Diana López Varela, que acudían como guionistas de la película Memorias de un hombre en pijama, nominada a Mejor Película de Animación. No pudo ser, no ganaron, pero el equipo del film está convencido de que la próxima vez que pisen la alfombra roja será para volverse con un busto de Goya para casa. Yo pienso lo mismo.

Eso sí, a nuestros vecinos la invitación a Sevilla les sirvió para lucir palmito, él un espectacular esmoquin y ella un vestidazo rojo que ya le pediré en cuanto tenga ocasión. Me dice Diana, que es mi amiga, que las chicas de la tienda Vainilla y Chocolate, de Bertamiráns, son las autoras de su look. Le vendieron el vestido, de Dolores Promesas, e hicieron para ella los pendientes y el bolso. Todo un lujo, sin duda. Les he dejado la fotografía de Diana sobre este texto para que le echen un ojo y, si ven que tal, se animen también a pedirle el vestido prestado en la próxima ocasión especial que se presente, qué se yo, una cena de empresa o una comida de domingo con los suegros.

Pero más importante que el atuendo es la comida y la bebida. Me cuentan quienes estuvieron allí que de comida la organización se quedó algo escasa, pero que la bebida estuvo muy bien, así que compensó. Ya quisiera yo haber sido invitada aunque tuviese que terminar la noche en alguna cadena de comida rápida comiendo un bocadillo.

Por cierto, el domingo les hablaba del susto que se había llevado Telmo Martín con un perro paseando por Portonovo. Pues bien, no fue en Portonovo, sino en Noalla donde un perro quiso hincarle el diente al alcalde popular de Sanxenxo. Fuese donde fuese, lo importante es que los ojos más bonitos de la ría salieron ilesos del suceso. Tampoco sufrieron ningún percance las piernas, ni el trasero de nuestro político, zonas que suelen ser atractivas para los perros cuando se trata de morder. Yo, sin duda, me quedaría con los ojos azul océano.

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