Opinión

Alexa

ALEXA YA forma parte de la vida en muchos hogares. Este altavoz inteligente se ha convertido en un elemento más de la cotidianeidad. La tecnología proporcionada por Alexa es verdaderamente sorprendente. No tanto por las posibilidades que ofrece actualmente, sino por las futuras. Antes de su llegada, confieso que era bastante escéptico, bastante negacionista, muy conspiranoico. Enarbolaba diversas teorías geopolíticas sobre ella. La posibilidad que Alexa fuera realmente un micrófono instalado por Amazon en el piso para escuchar mis conversaciones lo consideraba probable. La hipótesis de Alexa como espía a sueldo de oscuros poderes fácticos, oligopolios empresariales o fondos de inversión internacionales, nada desdeñable. Que Alexa trabajara para la CIA, nada descartable. No obstante y sin obviar ninguna de estas consideraciones en su totalidad, valoro a Alexa como un adelanto tecnológico sin precedentes. El reconocimiento y la aceptación de órdenes mediante la voz erradica la utilización de pantallas, teclados, ratones y dispositivos físicos para elegir contenidos culturales, hablar con otras personas, escuchar música, noticias, radio o saber el tiempo que va a hacer mañana. Incluso habla varios idiomas, con lo que hasta puedes practicar el inglés o hasta el japonés. El futuro pienso, pasa por aquí. La reflexión va más allá de las casas inteligentes, donde podremos programar desde Alexa la lavadora, la cocina, la luz, pedir una pizza o realizar una compra con tan solo pronunciar las palabras. Alexa, en un futuro muy cercano, irá adquiriendo mayor almacenamiento de datos, inteligencia artificial y hasta comprensión de las emociones humanas basándose en el tono de voz, el ritmo cardíaco o la tensión corporal. Alexa se convertirá entonces en tu psicoanalista. Llegarás a casa al finalizar el día, te sentarás en el sofá y Alexa se convertirá en tu mejor consejera porque habrá absorbido toda la enciclopedia de los saberes humanos almacenados en Internet, incluida toda la historia de la medicina. Servirá como asistencia para los ancianos que seremos mayoría y viviremos solos. Podría cumplir incluso una excelente función social. Que los árboles de la pandemia nos dejen ver el asombroso bosque de la Revolución Digital en el cual estamos viviendo y viendo crecer. Sin ir más lejos, el mayor telescopio de la historia de la humanidad desplegó sus paneles hace unos días en el espacio vacío del universo, dotándonos de unos prismáticos nuevos para contemplar la belleza del cosmos y el baile de las esferas celestes. Probablemente durante este Siglo XX I, el telescopio James Webb, recibirá un mensaje sonoro desde otro planeta habitado, quizás el rugido de un león verde o el cántico operístico de una civilización superior y nosotros, lo escucharemos a través de Alexa.

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