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Cabárceno

Cabárceno es un parque natural ubicado en Cantabria donde los animales viven en semi libertad sobre una vasta extensión de terreno. Jirafas, elefantes, tigres, osos y demás fauna campa a sus anchas disfrutando de las estaciones climáticas a la vista de los viandantes que observan sonrientes la belleza incomparable de los mamíferos mientras los fotografían sin parar. Me recuerda a la película de dibujos animados: Madagascar.

Pero lo que mas me sorprendió de Cabárceno fue un oso. Concretamente un oso que estaba situado en lo alto de una colina, al margen de su manada. Un oso outsider, un oso poeta, un oso filósofo que oteaba el horizonte con los brazos entrecruzados sobre una roca. Mirándolo pensé, que quizás, ese oso nos miraba a nosotros y desde el punto de vista del oso nosotros éramos la curiosa fauna que desfilaba constantemente por su finca.

No me gustan los Zoos como concepto ni me gustan que los animales estén encerrados en ningún lugar. Después de haber estado confinados creo que los humanos ya podemos empatizar un poco más.

Cabárceno es un ejemplo de lo que debería ser un espacio natural animal controlado. No solo ejemplo. Debería ser Ley. Deberían prohibir los Zoos en todo el mundo o al menos en España y en la Unión Europea, al menos tal como funcionan la mayoría. Es incomprensible tener animales en jaulas fuera de su hábitat natural. Tampoco es que en Cabárceno la Jirafa esté en su hábitat natural pero al menos puede disfrutar del aire libre.

Existen los derechos humanos pero también existen los derechos de los animales. Gran parte de los problemas que tenemos hoy en día en nuestras sociedades radican en la manera que tenemos de relacionarnos con nuestros compañeros y compañeras de planeta. Si bien el ser humano ha sido capaz de someter al animal salvaje hasta controlarlo o domesticarlo, el salvajismo en la cadena de producción animal al que sometemos a cerdos, conejos, pollos o vacas dice más bien poco de nuestro supuesta superioridad intelectual.

Imagino que el respeto hacia la naturaleza en general y el cariño hacia los animales en particular es una cuestión de educación y sino se transmite en casa o en la escuela pues es complicado para alguien entenderlo. Afortunadamente en los centros educativos se está trabajando mucho la educación basada en el consumo responsable y la producción sostenible en consonancia con los Objetivos de Desarrollo Sostenibles 11 y 12 de las Naciones Unidas.

Sinceramente creo, y eso que me gusta la carne, que en el futuro las personas reducirán el consumo de carne a la mínima expresión porque habrán cambiado los gustos y ya no será necesaria la carne a nivel nutricional. Pero bueno.

Todavía estamos en el paleolítico y para encontrar las proteínas en otros alimentos como legumbres o verduras hace falta una mínima formación en nutrición alternativa. No todo el mundo es capaz de cocinar sin freír pechuga de pollo o un bistec con patatas fritas. La cocina mal llamada vegetariana exige conocimiento a la hora de saber preparar platos sin carne. Pero bueno, en eso estamos.

La OMS hace años advirtió que el consumo de carne roja produce cáncer. También sabemos que los virus provienen de la producción masiva de animales. Cambiar nuestra manera de relacionarnos con el resto de los seres vivos que pueblan esta tierra es una tarea que seguramente completarán las próximas generaciones. Aquí todavía somo caníbales del cocido.

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