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Extraescolares

NO QUIERO dar consejos. Solo es una opinión personal. Pero creo que todos nos volvemos un poco locos con el tema de las actividades extraescolares. Hay quien se apura a meter a los niños en todo tipo de actividades y quien, como es mi caso, no le doy mayor relevancia. Imagino que depende de la edad del pitufo o pitufa. Lo único que si se, es que cualquier actividad no puede ser una obligación. Basta que metas a la niña en clases de piano para que acabe odiando el piano. Conozco quienes estuvieron en clases de piano durante nueve años y al final, ya no tocan el piano. Si, saben interpretar partituras que han aprendido en clase de memoria pero no son capaces de crear una melodía o realizar un acompañamiento. Lo mismo vale para el deporte. Puede que al chaval le guste la pelota o correr, pero eso no significa que haya que someterlo a la disciplina de un equipo donde en demasiadas ocasiones el aspecto lúdico y los valores se difuminan en pro de la competitividad y del ego del entrenador. Obviamente el deporte es básico, de hecho, debería ser lo primero que hicieran por las mañanas todos los niños y niñas al menos en infantil y primaria. Ejercicio físico. Y también quince minutos de yoga. Mente sana y córpore sano. El problema es que la infancia hoy en día tiene poca calle. Si, hay columpios y parques infantiles pero... y ahí va un comentario rancio de viejuno: En mi época pasábamos todo el día en la calle. Solo íbamos a casa a comer, merendar, cenar y dormir. El resto era juego. Y las calles estaban plagadas de niños y niñas corriendo alegres. Con cariño y nostalgia recuerdo mi infancia feliz en la Calle Sierra. Justo delante de la Plaza de Abastos hay un parque al que le llamábamos El Patio. Allí éramos por lo menos veinte niños y niñas jugando todos los días. Corríamos, organizábamos torneos de fútbol, jugábamos al baloncesto, al escondite o realizábamos trepidantes carreras en bicicleta por el barrio. No hacía falta ni el teléfono para quedar. Bastaba salir y timbrar en un portal o gritar desde la calle "¡¡¡bajas!!!" para que se abriera la ventana, saliera la cabeza de tu amigo y te dijera también gritando: "¡¡Bajo ahora!!". Ningún aprendizaje puede ser por obligación o para satisfacer las expectativas de los padres y madres. Ningún niño será mejor por tocar el piano con siete años, pintar un bodegón o decir "Hello. How are you?". Lo importante es despertarles la curiosidad por las cosas. Todo tiene su momento. Si tienes libros en casa una tarde de lluvia abrirá uno, lo olerá, acariciará sus páginas y comenzará a disfrutar con la lectura. Si quieres despertarle el interés por los libros rómpele la imaginación contándole historias. Si quieres que hable inglés háblale tú en inglés. Si quieres que se interese por la música deberá escuchar buena música en casa. Si quieres que sea educado sé educado con él. Pero la mejor actividad extraescolar que puedes darle, si tienes tiempo, es poder dedicarle ese tiempo a tu hijo. Pronto se convertirá en un adolescente con miles de proposiciones y actividades que saldrán de si mismo como mariposas de colores revoloteando en su cabeza y cuando llegue ese momento, te arrepentirás de no haber pasado mas tiempo con él porque él ya no querrá pasar tiempo contigo. Querrá estar con sus amigos, o con su novia, o te enviará una foto mientras se come el mundo viajando por Europa en tren mientras siente el viento de la libertad con gafas de sol, una guitarra y un libro de poemas de Rimbaud.

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