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Helados Nestlé y la Pandemia del cáncer

"La impunidad empresarial a veces es denominada con el eufemismo: libre mercado"
Sinceramente y a estas alturas de la película, cuesta entender que durante años les hayamos comprado a los niños y niñas helados con componentes químicos cancerígenos. Es inexplicable que se haya permitido por parte del Gobierno de España y de la Unión Europea la venta, comercialización y consumo de productos cancerígenos en forma de helado. Pero lo que más cuesta comprender es que una empresa mundial como Nestlé, fabrique productos con componentes cancerígenos para niños. A que infames y desviados cerebros responsables del control de calidad de los productos se les ocurre pasar por alto y obviar la introducción de óxido de etileno en la composición de unos helados consumidos por millones de niños y niñas en todo el mundo. El óxido de etileno es, según ha indicado la propia Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (AESAN), "una sustancia que no está aprobada en la UE, ni por lo tanto, en España. Se trata de una sustancia clasificada como mutagénica, carcinogénica y tóxica para la reproducción". Los productos afectados corresponden a las marcas Nestlé, Milka, Toblerone, Nuii, Oreo, Princesa, La Lechera y Smarties, todos ellos agrupados en la corporación Froneri Internacional con sede en Inglaterra. Helados como los Maxibón, los sándwiches de nata, Pirulos o Extreme que consumen a diario millones de personas están afectados por este compuesto químico. Ahora les lloverán demandas. Pero es que no es la primera vez que esta empresa, concretamente Nestlé, atenta contra la salud de las personas. Sin ir más lejos, el año pasado la empresa suiza enfrentó una demanda por explotación laboral infantil en sus plantas de Costa de Marfil y Guatemala, donde compran el grano de café. Años atrás tuvieron que retirar pasta fresca de su marca Buitoni por contener ADN de caballo en los Tortellinis y Raviolis con carne. Mas atrás, la misma empresa fue condenada por la Audiencia Nacional en sentencia firme por pactar precios junto con Novartis y dos empresas farmacéuticas más en productos infantiles de venta en farmacias –La impunidad empresarial a veces es denominada con el eufemismo: libre mercado–. El caso que mayor revuelo levantó en su momento fue el juicio entre Nestlé y el Gobierno de Etiopía. En ese momento –año 2002–, el gobierno de Etiopía, uno de los países más pobres del mundo, solicitaba ayuda internacional urgente por hambruna y la empresa Nestlé, emprendió un litigio contra el gobierno etíope por una antigua nacionalización ocurrida treinta años atrás realizada por la junta militar sobre una marca que luego Nestlé absorbió. El gobierno etíope se mostró dispuesto a compensar de manera retroactiva a la empresa según el tipo de cambio del momento actual, lo que suponía una operación de casi dos millones de euros. Nestlé, quería aplicar el tipo de cambio más favorable para ellos, en cuyo caso era el que correspondía a 1975, momento de la nacionalización, exigiendo ocho millones de euros – la avaricia no tiene límites. El equivalente a alimentar a 8 millones de niños etíopes durante un día. El tribunal falló a favor del Gobierno de Etiopía. Muchos lectores habrán comprado durante este verano algún helado, o varios, compartiéndolo con niños y familiares, con el compuesto cancerígeno prohibido por las autoridades sanitarias de la UE y que sin embargo, la empresa comercializó. Demandas, juicios, y valoraciones, pido desde esta tribuna que nunca más se envenene a la población con la comida. Porque la comida, no es un negocio, es un derecho. Existe otra pandemia. La pandemia del cáncer. Tumores producidos por sustancias cancerígenas en la producción y distribución alimentaria. Una pandemia de cáncer, que solo en 2020, ha provocado 10 millones de muertos.

Helados Nestlé y la Pandemia del cáncer
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