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Instrucciones para levantarse por la mañana

PRIMERO HAY que abrir la ventana de par en par y que entre el aire nuevo de la calle, el oxígeno del mundo, los colores de la ciudad, el aliento de la tierra, las pulsaciones del mar. Colocar la cafetera sobre el hornillo de la cocina y prender el cráter de gas hasta que el fuego lo convierta en un volcán de llamaradas que caliente lentamente la base hasta que minutos después comience a expulsar humo y silbe como un tren que llega a esa estación de la mañana que es su cocina. Espere en el andén, junto a la cesta de frutas y sintonizando su emisora de confianza pinte en una rebanada de pan una acuarela de mermelada. Cuando vierta el café en el vacío cerámico de su taza predilecta vuélvase hacia la ventana del salón y siéntese cómodamente en su sillón. Desayune lentamente mientras los sueños de sus párpados se deshacen como pedazos de papel con mensajes ya indescifrables. Formule un hondo y risueño bostezo mientras el aire nuevo, el oxígeno del mundo, los colores de la ciudad, el aliento de la tierra y las pulsaciones del mar se deshacen como el azúcar en el paladar de su alma junto con el café recién hecho y el explosivo crujir del lienzo tostado sobre la superficie de la obra maestra que debe ser siempre la galería de arte de su amanecer. Mientras dibujo estas palabras, una nítida melodía de saxofón emana del tórax de Coleman Hawkins y columpiándose sobre los acordes que pululan sobre el aire el eco de la voz de Julio Cortázar me susurra la posibilidad de titular este corto artículo a modo de instrucciones para levantarse por la mañana. En el umbral del horizonte el presente inventa su infinito y un crepúsculo púrpura tiembla en el aire. Soñemos la vida, coleccionando horizontes. Guardemos la mañana con manos de mendigo y caminemos la calle con ojos de turista. Porque siempre hay que ser turista en tu propia ciudad. Observar las avenidas, plazas y monumentos como si fueran vistos primera vez. Ya lo decía Heráclito. No te bañarás dos veces en el mismo río. No vivirás dos veces la misma mañana. El mundo se detiene en su giro y nos ofrece la vida con un menú completo. Y entonces surge la poesía: E quixera atopar hoxe un escintileo de luz, un lóstrego pequeno, unha faísca de amor desvariada, un espacio aluméante de calor e verdade, exento de brétemas, de pedras, de antanos. Quixera sentir as pulsacións da terra, os latidos do océano, o furacán da vida atravesando a casa ao abrir a fiestra, e namentres fico por recuperar o alento, o espírito anda argallando unha maneira de atopar, estas cousas das que falo, e deixo caer no baleiro do tempo a alma feiticeira, coma unha bola de cristal, chea de neve, de xeo, de vento. Pero virá o verán, coas suas luces, e cores,os seus acantilados de mármol, nubes de algondón e illas de viño, brisa e verso. E virá unha mañá, e dende a beira do mar ficarei sentado entre as olas mentres voan aves ávidas de vida e musicalidade, e ti pasarás en bicicleta, saudando dende a liña do horizonte cun sorriso. E virá o verán. E terá os teus ollos.

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