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La lluvia

MARZO ES el mes consagrado al dios de la guerra, Marte. Para honrarle y rendirle tributo el nuevo Nerón contemporáneo, Donald Trump, acaba de incrementar en cincuenta y cuatro mil millones más el presupuesto militar en USA. Está lloviendo en Washington y mientras levanta el arpa cientos de halcones republicanos provocan un estruendo al batir sus alas cuando escuchan la proclama del emperador: "Hay que empezar a ganar guerras otras vez". Mientras tanto en Hollywood alguien se olvidó un Oscar en un bar de carretera junto a una gasolinera. Un niño se encontró la estatuilla a la mañana siguiente mientras jugaba con un globo rojo. El Oscar podría ser para Bréxit, a la mejor película extranjera o para Theresa May como mejor directora. Esta película escrita y dirigida por los políticos británicos y aplaudida en todos los cines de Inglaterra está a punto de costarnos a todos los europeos el derecho a la libre circulación.

No sabemos a quien corresponde la estatuilla olvidada pero podría pertenecer al mejor guión del año titulado: Make America Great Again, donde se narra el ascenso de un líder histriónico en el mundo occidental mientras enarbola cánticos y odas sobre la grandeza de la patria. Si perteneciera a la mejor actriz principal no tendríamos ninguna duda. Sería para Marine Le Pen por su papel de Napoleón Bonaparte del siglo XXI. Está a un paso de coronarse en los Elíseos como nueva líder Europea dinamitando el proceso de construcción federal definitivamente y provocando una regresión en el continente hacia el concepto clásico de estado nación. La estatuilla podría pertenecer también por méritos propios al líder holandés de extrema derecha con el pelo encendido, Geert Wilders, como mejor actor secundario, encargado de agitar el fantasma de la xenofobia y la discriminación en los países nórdicos. Junto a él otros líderes europeos están emergiendo en toda Europa y podrían ser merecedores del Oscar al mejor montaje por su interpretación racista de la realidad como Amanecer Dorado con Nikos Michaloliakos, Alternativa para Alemania con Frauke Petry, Timo Soini en Finlandia, Kristian Thulesen en Dinamarca con el partido popular danés, Bjorn Soder en Suecia, Gavor Vona en Hungría y Norbet Hofer del partido liberal en Austria. Todos ellos pertenecientes a partidos políticos de la derecha europea, con grandes acentos en la islamofobia y xenofobia. Euroescépticos y nacionalistas que están creciendo como la espuma ante la impasibilidad de la mayoría de la población, aletargada por una crisis económica que se ha hecho crónica. Llueve en Washington, llueve en París, llueve en Amsterdam y en Berlín. La indiferencia es una lluvia muy fina que no nos deja ver el horizonte pero dentro de veinte días comenzará la Primavera y ese niño con el globo rojo en su mano agita en el aire toda la esperanza del futuro. La estatuilla perdida se la ha regalado a un emigrante mexicano que pasaba por allí.

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