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Liverpool y los Beatles

LIVERPOOL extiende a lo largo del río Mersey al norte de Inglaterra y con una población cercana al medio millón de habitantes se impone implacable y para siempre como una auténtica ciudad inglesa, sin artificios, sin turismo masivo, sin distracciones que no sean las propias de la cultura inglesa mas genuina. Una ciudad proletaria, obrera, recubierta con hermosas chimeneas, grandes avenidas, edificios victorianos, pubs ingleses donde sirven pintas de cerveza tiradas con elegancia y pueblos medievales como Chester a tan solo cuarenta minutos en tren que son una maravilla de la arquitectura inglesa.

Pasear por la bahía Albert Dock mientras te llegan los vientos del mar de Irlanda es un ejercicio imprescindible para comprender el regio, insular y educado carácter Inglés que es precisamente lo que más me gusta de ese pueblo: Su exquisita educación.

Los ingleses son serios, ordenados, prácticos y funcionales pero albergan un amor incondicional por la buena vida, los niños y la música. Una música con estilo, con acento y ritmo. Una música que suena en cada calle de la ciudad donde tocan auténticos virtuosos que comprenden que lo fundamental en una canción son tres cosas: letra, ritmo y melodía.

Hablar de Liverpool es hablar de los Beatles, de cómo cuatro chicos que vivían en los barrios humildes de la ciudad comenzaron a tocar juntos hasta convertirse en la mejor banda de todos los tiempos, cuyas canciones seguirán escuchándose dentro de dos cientos años como ahora escuchamos a Mozart o Beethoven. Las caras de John, Paul, George y Ringo están por todas partes, en forma de esculturas o fotografías como en Matheus Street, una avenida plagada de locales con conciertos en directo. Los pubs se llaman Sgt. Peppers, Eleanor Rigby o Strawberry Fields en homenaje a sus discos.

Los ingleses son serios, ordenados, prácticos y funcionales pero albergan un amor incondicional por la buena vida, los niños y la música. Una música con estilo, con acento y ritmo

Pero si hay un lugar de visita obligada es The Cavern, el mítico local donde los Beatles comenzaron a volver locas las mentes de la juventud en los años sesenta rompiendo todos los moldes de la música moderna con canciones inolvidables. Entramos en The Cavern como quien entra en el Santo Sepulcro de la música contemporánea, bajando hasta tres pisos por unas escaleras en forma de caracol hasta llegar al epicentro de la canción. Nada más entrar por la puerta escuchamos un redoble de batería acompañado por una guitarra, bajo, voz y como un terremoto comenzaron a vibrar las paredes del local y la gente enloquecía con el grupo del escenario quienes vestidos como los Beatles en sus comienzos atronaban los corazones con versiones de sus primeros temas.

Pero Liverpool es mucho más, es una ciudad con historia, ejemplo de resistencia ante los bombardeos alemanes en la segunda guerra mundial y la ciudad después de Londres con más museos y centros culturales de toda Inglaterra, donde se eleva como un monumento y palacio de la cultura su gran Biblioteca, un templo de la lectura en forma circular con una belleza incomparable. Una biblioteca imaginada por Borges, con infinitas estancias, escaleras y una cúpula por donde baja la luz de la sabiduría inundando cada rincón y cada página.

Caminar por Liverpool como la caminaba Dickens en sus libros. Caminar por Liverpool como la caminaba John Lennon, al aire libre en Penny Lane Street. Entrar en The Cavern con mi hijo Leo y verle la cara de alegría, sorpresa y felicidad con tan solo 18 meses es una de las experiencias más emocionantes de mi vida. Quizás en el futuro cuando escuche Revolution se le moverá algo en lo más profundo de su corazón y la esperanza en un mundo mejor seguirá siendo posible.

Liverpool y los Beatles
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