Viernes. 18.01.2019 |
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Oda al invierno

VOY AL paso entre gentíos y errantes multitudes al galope en mi caballo curvo el mundo y sus confines. Lagos, glaciares, nevadas colinas, ríos congelados en el agua cristalina. Veo hielo, veo escarcha, el campo verde y sus olivos, veo el trigo, la cebada, veo las luces del alba, veo agua estancada a la sombra de una higuera. Y hay en la vereda, una fuente transparente, que ansía inquebrantable, esperando su primavera. Y ese mar, a lo lejos, bravo azul e insondable, salado e implacable sobre el tiempo que agoniza. En oscuro fondo yace, ya mi barca siempre hundida, quebrado mástil y sus remos, la bandera de la infancia, la memoria, la utopía. Árboles desnudos, muestran su esqueleto y olas rompen sin piedad sobre las rocas del tiempo. Y en los pueblos más remotos hallo hogares donde paso, aldeas donde duermo, sueño, tierra donde canto. Viento del invierno cuya brisa arranca el tallo, lluvia indómita que riegas, hierba, piedra y mil pedazos. A trote voy, por el mundo en mi caballo, somnoliento, ya sin rumbo, con el alma siempre a ciegas va el espíritu volando, procurando mil quimeras. Veo Praga y Estambul, veo trenes en Moscú, el vapor tras un beso en la estación de Compostela. Ven, frío, hiélame la sangre, piel, huesos. No podrás con la llama, de mi alma siempre abierta, cual antorcha sobre el cielo, cual pájaro que vuela. Regalo ya estos versos, calor para el mendigo, vino del borracho, calma del anciano, visión en la ceguera. Quítame armaduras, oh invierno, niévame, húndeme en tu alud, talud, ataúd bajo el blanco de la estepa dormiré hasta alzar mis brazos sobre el sol que en Mayo quema. Suelto mi caballo al trote va en silencio, fue amigo y buen vasallo ya por eso se libera.

Yo me hundo en la espesura entre el follaje y la premura sobre arena reposando como bebo en el silencio aire frío del invierno hasta el hastío y la locura la semilla de estos versos.

Oda al invierno
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