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PARA CUANDO  la vida, para cuando la libertad, para cuando sin mascarilla, el concierto, el teatro, el cine, el recital. Para cuando el tren, el barco, el avión, para cuando viajar, los puertos soñados, el barrio antiguo, la periferia, el arrabal. Para cuando el vino joven bajo el plenilunio ancestral, para cuando la higuera, la parra, el magnolio, la improvisada nocturnidad. Para cuando las Cíes, las Ons, la noche estelar. Para cuando Creta, Cusco, Taormina, La Paz. Para cuando el Tíbet, Chicago, Kioto, un verso, una guitarra, un tequila en Yucatán. Para cuando el néctar del azar, el calendario sin brújula, sin mapa, sin plan. Ya el palacio de invierno se derrumba y la naturaleza despierta entre las briznas de hierba donde florece lenta la primavera. Brotan los olores salvajes, la luz se amplía, los códigos indescifrables se vislumbran en los senderos abruptos de los ríos, en el musgo floreciente de las piedras, en los olores a eucalipto, lavanda, azahar. Toda primavera es una resurrección manifiesta. Un milagro. Sobra la Biblia y el Corán. Escribo desde el torreón de un castillo hecho de barro que se derrumba lentamente con la humedad. Desaparecerá como un helado derretido sobre la arena del mar. El lápiz escribe fuego sobre un aire de papel. El universo, el mundo, la tierra, fruta madura. Nosotros somos el interior de una grandísima manzana que cae lentamente en el tiempo, escribía Umbral. La poesía es una invocación. Hay que dejar entrar a la musa, la energía inmanente que habita el cosmos. Nacionalismo, comunismo, liberalismo, socialismo, patriotismo, anarquismo, populismo, fascismo, veganismo, feminismo, catolicismo, islamismo, budismo. Todo es un ismo, doctrina, afán por interpretar una realidad cambiante bajo un solo prisma. Hay que abandonar los ismos porque la realidad es caleidoscópica. Mientras escribo se escucha el taladro en el piso de al lado. Pienso en los edificios, colmenas decoradas con muebles de IKEA. Piedra, yeso, pladur. Si las paredes fueran de cristal seríamos más conscientes de nuestro hacinamiento. Te acostarías en la cama cada noche y verías en la pared de enfrente a la vecina sobre la cama haciendo el pino o cenando sopa de ajo en pijama mientras contempla una película de terror. Si algo hay que echarle en cara a dios, a la naturaleza o al tao universal es que nos haya privado del don de volar como los pájaros. Ahora mismo alzaríamos el vuelo y nos encontraríamos en el aire, saboreando una nube rosa azucarada, blanca sabor nata o gris sardina. Desde allí arriba contemplaríamos a millones de hormigas esquizofrénicas, yonquis del móvil, chutándose fake news en cada esquina.

Para cuando la geometría de las esferas celestes desde la noche en cualquier playa, para cuando el salto sobre la hoguera, el baile, la orquesta, la aldea en fiesta. Para cuando la pirotecnia y el fuego artificial. Mientras crecen las mimosas amarillas sobre el campo y cubren la floresta me pregunto para cuando acabará esta metástasis de mediocridad, esta burocracia del calendario, esta gris y austera prosa sin argumento ni final, este cierre del alma perimetral, esta restricción de la vida en verso, este magma contenido en el pecho como un volcán a punto de estallar.

Para cuando
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