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Por qué escribo

Los presidentes o líderes actuales serán derrocados y otros vendrán a ocupar sus puestos con otros nombres pero los problemas importantes siempre serán comunes para usted y para mí

A veces te levantas por la mañana sin ganas de escribir ni una letra y te preguntas ¿por qué escribo?. El privilegio de aparecer en esta ventana que es la columna del periódico que usted lee ahora mismo mientras está sentado en la barra del bar removiendo con la cucharilla la taza del café o cómodamente en el sofá de su casa es una gran responsabilidad porque realmente quien le da sentido a la escritura no es quien escribe. Es usted, quien lee. Usted, que dedica unos minutos de su valioso tiempo para comprender unas líneas que le han llamado la atención, bien por el título, bien por el contenido que le resulta interesante o simplemente por entretenimiento. Lo que está claro es que usted espera recibir algo a cambio. Debe haber un compromiso por parte de quien escribe hacia quien lee. No quisiera hacerle perder el tiempo, al contrario.

Me gustaría que se llevara siempre un regalo en forma de nube, un rayo de luz, una información curiosa, la valoración subjetiva o poética de la realidad o simplemente un poco de comprensión emocional. Yo cuando leo, no quiero un lugar común, sino un espacio que me aporte, me alimente, me entienda intelectualmente o un lugar que me arrebate la razón con ideas encendidas como antorchas en la noche. Menudo desafío esto de escribir. Hoy podría escribir sobre Trump, Rajoy o Puigdemont, sobre el encendido de las luces de la Navidad o sobre los juicios que están de actualidad.

O sobre Messi. Podría escribir sobre la izquierda o la derecha, sobre lo local o lo internacional, sobre la economía, sobre el paro, sobre la cultura, sobre el empleo, sobre el nacionalismo, el socialismo, el neoliberalismo o sobre la historia del mundo antiguo pero posiblemente todo esto que escriba se lo lleve el viento del presente porque la Historia siempre es la misma. Solo cambian los personajes que la interpretan como una gran obra de teatro. Los presidentes o líderes actuales serán derrocados y otros vendrán a ocupar sus puestos con otros nombres pero los problemas importantes siempre serán comunes para usted y para mí. Levantarse por la mañana temprano para ir a trabajar o para buscar trabajo. Desayunar preocupado por los resultados de la última analítica. Ir a correr o pasear porque es bueno para la salud. Realizar una compra en el mercado para llevar algo de comer a casa y una barra de pan mientras remueves en los bolsillos las últimas monedas del día. Preocuparse por la salud de los demás, de los nietos, los tíos, los abuelos, la compañía o la soledad. Pensar en tus hijos, en tu pareja y en ti mismo. Pensar en el paso del tiempo, en quienes se fueron, en quienes llegan, en lo rápida y efímera que es la vida.

No quiero reconocimientos públicos, ni grandes premios, ni entrevistas, ni portadas si algún día publico un libro coronado unánimemente con los laureles del éxito por la crítica internacional. Hoy serás aplaudido por grandes personalidades en la cúspide de la pirámide de la vanidad y mañana serás un mendigo olvidado durmiendo en el banco de un jardín. La mayoría de los grandes artistas son personas como usted, que lee estas líneas con paciencia mientras piensa en la batalla que le espera hoy. Yo por mi parte le agradezco su atención que es ya mi gran premio. Espero haber compartido con usted este café caliente y esta complicidad. Hace frío ahí fuera, abríguese bien. Un año más que se acaba y otro que comienza. ¿Por qué escribo?, Escribo para que la muerte no tenga la última palabra.

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