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Ser periodista

EL OFICIO de periodista es el oficio del panadero. Preparar durante la madrugada la harina, la tinta de cada día, amasarla, para que al amanecer salga impresa en los periódicos de papel que huelen a pan de leña recién hecho. Ser periodista es ser la voz de los que no tienen voz, el oído de los que no pueden escuchar, la vista de los que no pueden ver. Recuerdo como se abría la puerta de mi casa un mediodía cualquiera de invierno y tras la lluvia ver entrar a mi padre, Jesús Vigo, Chuma, agotado, después de redactar esas dos páginas diarias del periódico. Porque antes de la llegada de Internet, los periodistas de la vieja guardia estaban a pie de calle, con la grabadora en la mano persiguiendo la noticia. Oficio precario, mal pagado, que desarrollabas por tu compromiso social con el cambio y la información como derecho humano. Redactar dos páginas en un periódico todos los días conlleva un esfuerzo titánico de concentración para esculpir la gramática como un alfarero de las palabras que estructura su lenguaje comunicativo para transmitir la información con rigor, veracidad y belleza. Ser periodista es ser escritor, porque la literatura es escritura y el periodismo tiene una base literaria de narrativa realista. Hay que saber narrar, contar los acontecimientos, atraer la atención del lector que es quien realmente recoge, interioriza y medita sobre lo que está escrito. Hay que ser lector activo, lector comprometido. Hoy en día hay que reivindicar la prensa escrita, el papel. Como tantas otras personas estoy acostumbrado a leer noticias online. Pero una tarde me senté tranquilamente a leer artículos en periódicos de papel basados en las noticias que van saliendo en prensa durante estos días. Los acontecimientos en Venezuela, la crisis política en Podemos, la situación en Afganistán o el inicio del proceso judicial de los políticos presos catalanes que producirá ríos de tinta desde esta semana hasta que se dicte la sentencia donde los articulistas de opinión encontrarán una fuente inagotable de valoraciones aunque no estén presentes durante el juicio. La sensación, después del café y la lectura, es la de haber aprehendido. No ocurre lo mismo con la prensa digital. Esos artículos que circulan por la red y devoramos velozmente apenas dejan poso para la reflexión. ¿Porque la lectura de la prensa escrita es mas valiosa que la prensa digital que leemos desde nuestros teléfonos móviles?: Nuestra mente, cuando lee la prensa en papel, se concentra únicamente en ese espacio de lectura e información, se concentra en lo escrito sin otra distracción que el tintineo de la cuchara revolviendo el café o el murmullo de las conversaciones en las mesas vecinas. Tocas el papel, lo abres, lo hueles, acaricias sus páginas y comienzas una aventura llamada lectura que te lleva por acontecimientos que ocurren desde el barrio más próximo al país más remoto de la tierra en un viaje apasionante. No ocurre lo mismo con la lectura a través del teléfono. Haces click en ese artículo que te llama la atención por su fotografía o porque te lo han reenviado, lo lees de arriba abajo apresuradamente y después lo comentas en las redes sociales para continuar enganchado y atrapado en el mismo sistema, donde comienzas a perderte en imágenes y otras temáticas. Facebook, Instagram, Twitter, Youtube y todo ese sumidero de fake news basura. Navegas, a la deriva, buscando series, películas, envías un email, te distraes mientras te pierdes en la tela de araña de la red o te van llegando noticias que pretenden llamar tu atención con titulares sensacionalistas que buscan el escándalo y el conflicto sin que previamente las hayas seleccionado gracias al algoritmo de Google, que te encierra en su laberinto informativo. Al final has pasado una hora delante de la pantalla consumiendo desinformación, has perdido el tiempo. ¿Y que te queda?: La nada. Solo te has entretenido y esa información no ha sido productiva. No te ha formado, no te ha empoderado, no has aprendido ni reflexionado. Hay que reivindicar la serena calma de la lectura cotidiana en la prensa papel, porque aunque exija atención, esfuerzo y reflexión, constituye el último bastión, la última frontera donde el periodismo puede ejercer una de sus labores mas profundas. La emancipación del ser humano, del ciudadano y del individuo a través de la cultura y la información. Porque la información, veraz y objetiva, sin juicios de valor, es la materia prima indispensable para la libertad y la democracia. Hoy en día no hay nada más contracultural que ver a alguien por la calle con un periódico bajo el brazo. Constituye un ejercicio de librepensamiento admirablemente revolucionario.

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