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Tolstoi, Gandhi, Luther King y la no violencia

La violencia no solo se refiere al uso de las armas para coaccionar o someter, sino a la violencia que supone la injusticia social, la pobreza, el racismo, la exclusión, el machismo, la desigualdad social y todas aquellas formas de explotación y negación de los derechos humanos

LEÓN TOLSTOI caminaba por el jardín de su casa hablando en voz alta mientras recitaba versos o teorías filosóficas que se le iban ocurriendo a medida que contemplaba el olor de las flores. A su alrededor revoloteaban como mariposas sus biógrafos, intentando apuntar cada frase que salía de su boca, porque cada vez que hablaba, era para pronunciar una genialidad. Después de practicar yoga, se sentaba delante del escritorio para redactarle a Gandhi una carta reflexionando sobre la no violencia.

El joven Gandhi, recibía la carta en Sudáfrica, aprendía, y sobre la base de las enseñanzas del anciano maestro ruso comenzó su revolución social en India lo que le valió a Gandhi el apelativo de 'Mahatma', a propuesta del Premio Nobel bengalí Rabindranath Tagore, que significa: 'Alma Grande'. Al otro lado del Océano, años después, surgía un líder moral para toda América y el mundo. Un joven predicador llamado Martín Luther King, que puso en práctica tanto las enseñanzas de Tolstoi como las de Gandhi para erradicar las leyes de la segregación racial, la pobreza y la exclusión en los Estados Unidos. Hoy se cumplen cincuenta años del balazo que segó su vida el cuatro de Abril de 1968 pero los logros políticos y sociales perviven en nuestros tiempos y reivindicarlos hoy es más necesario que nunca. La no violencia es una ideología, una cosmovisión del mundo y de la historia que interpreta la violencia de manera estructural. Una violencia que ha sido ejercida a lo largo de los siglos por todas las clases dominantes. La violencia no solo se refiere al uso de las armas para coaccionar o someter, sino a la violencia que supone la injusticia social, la pobreza, el racismo, la exclusión, el machismo, la desigualdad social y todas aquellas formas de explotación y negación de los derechos humanos. Ante esta violencia estructural, estos tres pensadores no sugerían la pasividad. Al contrario. La no violencia es activa y se manifiesta en diferentes métodos de acción. El primero y el más importante de todos es la liberación interior de uno mismo. El sometido por la dominación o la explotación, sea cual sea la forma que esta adquiera, debe despojarse de su condición mediante el rechazo ético y moral, debe liberarse de la condición que el opresor le impone porque la mayor victoria del opresor sobre el oprimido es hacerle creer que merece tal condición. Una vez liberada la conciencia oprimida y el sentido de culpabilidad, hay que liberar el miedo comenzando por la desobediencia o la no cooperación, laboral, familiar, política y social ante todas aquellas situaciones que son injustas por naturaleza, incluidas las leyes, sobre todo las que atentan contra los derechos fundamentales del ser humano: La vida, la libertad, la justicia y la igualdad. La no violencia persigue en última instancia cambiar la mente del opresor para transformarlo, ya que el odio se alimenta de odio. Si el odio no recibe retroalimentación muere por inanición y la mente de quien ejerce la violencia cambia. Esa es la gran virtud de la no violencia. Tanto Tolstoi, como Gandhi, como Martín Luther King han trasladado este fundamento esencial del cristianismo primitivo a la edad contemporánea. Hoy el mundo necesita mas que nunca de la no violencia para cambiar las estructuras injustas y globales que perpetúan en la pobreza y la exclusión a millones de personas en todos los continentes y para ello es fundamental la Cultura de Paz y la Educación para la Paz como metodología para solucionar los conflictos en las casas, en las escuelas y en la sociedad. La Cultura de Paz exige que todos los ciudadanos rechacen colectivamente la violencia en todas sus formas y respeten la democracia, los derechos humanos, la tolerancia y la solidaridad. I have a dream, y el sueño continúa. Porque las balas no pueden con las ideas.

Tolstoi, Gandhi, Luther King y la no violencia
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