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El valor de la música

LA MÚSICA es el mas alto nivel de la creatividad humana. La cúspide poética. Escuchamos música cuando somos niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos. La vida es un abanico de bandas sonoras almacenadas en los vestíbulos de la memoria. El valor intangible de la música es indiscutible pero si realmente valoramos la música debemos valorar su coste asignándole un precio. Miles de millones de euros se mueven cada año alrededor de los festivales, conciertos, actuaciones culturales, bandas sonoras en películas, series, televisión, actos públicos, discos, videos y plataformas digitales. Nos despertamos cada mañana con música, el día transcurre con música y finaliza con música. Música proviene de musa, la inspiración poética. La música es inherente a la condición humana porque forma parte de su capacidad expresiva, como el baile, el teatro o la danza. Sin embargo, no le damos el suficiente valor al proceso de composición musical y por valor, me refiero no solo al valor intangible, creativo o cultural, sino al valor monetario, al precio. Para que una canción llegue a nuestros oídos esta debe ser previamente creada a través de un proceso muy detallado, costoso y profesional. Además, no todo el mundo está capacitado para componer una canción. Puede que cualquiera sepa escribir un texto, pintar un cuadro, un dibujo o realizar una escultura con cualquier material pero muy pocas personas son capaces de crear música. El proceso creativo comienza con años de aprendizaje por parte del músico. Aprender a tocar un instrumento o varios a la vez no está al alcance de la mayoría. Después llega la inversión económica en instrumentos, amplificadores, equipos de sonido, grabación. El compositor de una melodía recoge la "idea" de la canción de una manera muy similar al poeta que escribe un verso inspirado en una visión, experiencia o sensación. Los músicos son poetas con instrumentos. Esa inspiración artística basada en un sentimiento, emoción o en la voluntad de expresar o narrar una historia, se plasma sobre un papel, palabra a palabra, acompañando el texto literario con una melodía instrumental que junto con la voz genera una canción y si logra conmover, se convierte en arte. No acaba aquí el proceso. Todo este trabajo de horas, días y meses ha de ser digitalizado a través de mecanismos de grabación complejos hasta que se convierte y edita en material audible. La grabación de una composición supone horas y al músico le cuesta dinero. Si sumamos la inversión en tiempo, formación, materiales y equipos que implica el proceso creativo obtenemos como resultado que el músico o cambiando la palabra para profesionalizarla "el emprendedor cultural", invierte una muy importante suma de sus ahorros en dar a conocer su trabajo para ofrecérselo a la sociedad.

Ese trabajo que es la música y sin la cual no podríamos vivir como seres humanos está muy poco cotizada en el mercado. A veces nos pensamos que los músicos son los juglares del reino y que tocan por diversión, fruto de la imaginería medieval. Todo lo contrario. Son profesionales, gestores culturales, creadores de arte para que la vida sea más comprensible, proporcionando la medicina del consuelo y la esperanza para los males que asolan al ser humano y cuya bálsamo ha sido desde el principio de los tiempos la canción. Apoyemos a los músicos desde las empresas y las pymes a través de sus servicios para eventos, desde los centros educativos para talleres educativos, desde las instituciones culturales como los museos o bibliotecas en las programaciones de actividades y sobre todo desde la administración, facilitando su trabajo, pagándoles el precio justo, promoviendo su contratación, valorando sus horas de dedicación, incluyendo pruebas de sonido, montaje, desplazamientos, facilitándoles espacios donde ofrezcan recitales y conciertos para la ciudadanía, porque si algo nos está ayudando en estos tiempos como sociedad, no es ni la política, ni la religión, ni la economía. Es la música.

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