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Laicismo religioso

COMENTABA EL OTRO día, durante una boda civil, que el laicismo es difícilmente practicable en Galiza. Vivimos en un país donde todo el mundo conoce a alguien que ha visto a la Santa Compaña y donde en los antiguos templos precristianos, como la Porta do Alén, en el Monte do Seixo, siguen celebrándose rituales paganos.

La religión se cuela en nuestras vidas de la manera más inesperada. Hace no mucho, en un pueblo de Lugo se apareció la Virgen en un establo. Estaba una viuda celebrando el velatorio de su marido cuando recordó que tenía a las vacas sin atender. Dos amigas se ofrecieron a ayudar, así que bajaron las tres y entraron en el establo. De pronto, mientras realizaban las labores propias del mantenimiento de un establo, que yo no sé cuáles son, advirtieron que los animales mostraban síntomas de un gran nerviosismo y al girar la vista vieron a la Virgen allí levitando, emitiendo una esplendorosa luz blanca. Las dos amigas de la viuda se arrodillaron inmediatamente, sobrecogidas, arrebatadas, extasiadas y fervorosas. La otra, la viuda y propietaria de las vacas, por su parte, cogió una escoba y la emprendió a escobazos con la Virgen mientras le ordenaba a gritos que se largara de ahí.

Muchos van a rezar a la iglesia para desprenderse de un mal de ojo, pero acuden antes o después a una meiga

La Virgen, que no había ido allí a pelearse con nadie, se dio media vuelta y abandonó el lugar con toda la dignidad con la que una virgen apaleada se va de un establo. Transcurrido el suceso, las tres volvieron al velatorio, donde entre otros estaba el párroco, y contaron los hechos. El párroco reprochó a la viuda su reacción pues, dijo, con toda probabilidad la Virgen se había presentado para reconfortar a la viuda, para recoger el alma de su marido o para transmitir algún secreto como los de Fátima.

La viuda, que es una señora muy creyente, mostró su arrepentimiento y le dijo al cura que sí, que había hecho mal y estaba arrepentida, pero que la Virgen también tenía que entender que no podía ir por ahí así, presentándose en el establo y alborotando a las vacas, que luego se les corta la leche, y que no era momento ni lugar para aparecerse. Que si la Virgen tenía algo que decirle le parecía estupendo, pero que lo hiciera de manera más oportuna, sin molestar a sus vacas.

El antropólogo que me contó el caso, que grabó el testimonio de la viuda, y que estaba por aquella época haciendo trabajo de campo, documentando casos de apariciones marianas por todo el país, se encontró también con un hombre que se lió a tiros con la Virgen. Se le apareció de noche y el señor se asustó, cogió el arma y empezó a disparar hasta que agotó la munición. En ese caso, como en el anterior, la Virgen abandonó el lugar sin entrar en la pelea.

En Galiza creemos en la Virgen hasta para molerla a palos o para pegarle un tiro. No podemos negar que somos un pueblo que no ha perdido la fe. Para muchos, además, la fe no tiene necesariamente nada que ver con el catolicismo. Muchas y muchos creen con la misma intensidad en la Virgen y en los feitizos, y van a rezar a la iglesia para desprenderse de un mal de ojo, pero por si acaso acuden justo antes o justo después a una meiga, porque no se fían del todo de una ni de la otra.

Este lunes se celebra la romería de San Cibrán de Tomeza. Hasta hace no muchos años se mezclaban allí los cultos cristianos con ancestrales ritos paganos. La gente llevaba amuletos para que el cura los bendijera. Un buen día el cura, harto de ese descontrol, anunció que en adelante solamente se bendecirían ramos. Desde entonces, la gente oculta los amuletos en medio de los ramos para engañar al cura, que bendice alicornios, cairos o pezuños sin darse cuenta. Para los que esconden el amuleto entre el ramo, la bendición divina es igualmente válida si se consigue a través de la astucia, engañando al cura o al mismo Dios, en cuyo nombre se imparten las bendiciones.

El caso es que en Galiza el paganismo se introduce en el cristianismo con la misma comodidad con la que el cristianismo se introduce en el paganismo. Hay otra realidad menos común: la del cristianismo introduciéndose en el cristianismo. En mi familia hay una rama, la de los Rodríguez Cota, afincados en México aunque tan gallegos como usted o yo. Un buen día iniciaron una extravagante competición. Uno vio a la Virgen. Otro u otra anunció al poco la aparición del niño Jesús; a un tercero se le apareció el mismísmo Dios; una cuarta vio a la Santísima Trinidad. La cosa siguió evolucionando hasta que alguien vio a la vez a la Virgen, al Niño, a Dios y a la Santísima Trinidad y escribió un libro para contarlo, que yo tengo dedicado en un lugar privilegiado de mi biblioteca, junto a las novelas de Dan Brown. El que iba perdiendo, mi primo Josecho, se hizo sacerdote para tomar distancias. No sé cómo va la contienda a fecha de hoy, aunque imagino que a estas alturas algún miembro de mi familia está a punto de anunciar que tiene en su agenda el número de Satanás. No hay otra manera de ganar esta carrera.

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