Opinión

Es Sánchez un genio o un idiota moral

Si analizamos lo que estos días se vuelve a escribir y comentar sobre Pedro Sánchez uno puede llegar a la conclusión de que para unos es un genio y un gran hombre de Estado, y para otros un amoral, o mejor, un «idiota moral» o simplemente un frívolo cínico. Pero quizá, desde el punto de vista negativo, lo que más se le acomoda es lo de «idiota moral». Ya contamos que es una persona a la que se le supone un buen coeficiente intelectual, pero que no distingue el bien del mal, o en todo caso, carece de un juicio permanente y coherente al respecto. Esta expresión da título a un conocido libro de Norbert Bilbeny define al que toma decisiones sin distinguir el bien del mal en orden a criterios cambiantes de utilidad propia; es decir, que lo mismo dice o hace una cosa o la contraria sin transición ni justificación. El ejemplo más reciente, con la misma dialéctica argumental fue lo de la amnistía. O sea, que desde ese esquema se puede decir cualquier cosa.

Desde que indultó a los sediciosos catalanes, camino se la amnistía, la compra de los votos de Junts, Bildu y ERC para sentarse en los falcon, es un maestro uso equívoco del lenguaje, dando la vuelta a los conceptos como concordia, paz social, reconciliación, normalidad, venganza, justicia o constitucional. Y ese librillo es el prontuario que repiten sus leales. Otros rasgos distintivos de los amorales son que mienten de manera habitual y que rompen el vínculo entre sus actos y su conciencia. Los propios turiferarios de Pedro Sánchez dicen de él, como cualidad, que "no se siente concernido por sus palabras, sino por sus objetivos", o sea, que puede decir una cosa y hacer o decir la contraria.

Es curioso que es el político que más veces dice que sus actos los presiden sus principios, y seguidamente refuerza su cinismo cuando es capaz de decir: "Siempre cumplo mi palabra, como me enseñaron mis padres". Denota ese uso utilitario de su propia conciencia sin otro estribo que sus propios intereses, seguir en la Moncloa, gracias entre otros a los votos indispensables Y como era de esperar, quienes dentro de su propio partido discrepan se transfiguran no ya en traidores, sino en fascistas. Y los suyos hacen suyo aquel eslogan conocido "Mussolini ha sempre ragione" ("Mussolini siempre tiene razón"), que se expresa con la repetida divisa de sus seguidores "Yo contigo, Pedro". Y cuando se le echan en cara sus palabras replica que no entendimos lo que quiso decir. O mejor, que "cambiar de opinión no es mentir". Cuándo sus partidarios proclama "Yo contigo, Pedro", en qué momento del devenir de sus actos se sitúan. ¿Es que no tienen criterio ni juicio propio y asumen mansamente, sin usar su inteligencia, en la misma medida que Sánchez va diciendo una cosa y la contraria? Una de las características y efectos del "idiota moral" es precisamente que impregna el contexto donde se desenvuelve, de suerte que, como en este caso, sus partidarios asumen con naturalidad su relativismo moral sobre cuestiones que exigirían una determinación propia.

Sánchez sabe que la inmensa mayoría de los españoles y de los propios votantes de su partido están contra el indulto y la amnistía a los sediciosos, pero no es que no le importe, sino que ha puesto a trabajar a todo el aparato del Gobierno y el Estado en orden a imponer la gracia a los que pretendieron destruirlo, al tiempo que sus turiferarios dirigen su artillería contra el tribunal que los condenó y contra sus propios correligionarios contrarios a la medida. Atentos pues a lo que nos espera, porque la amnistía no reserva emociones. Y atentos a Bildu, insisto en ello. Lo ha dicho Otegui: hay que aprovechar el momento.

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