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Agresión constitucional

Una activista será juzgada por combinar en su ataque las dos armas más temidas del país: la Constitución y las tetas


YA SABRÁN de la comparecencia del martes, no se habla de otro tema. Ese día, claman los cielos, puede consumarse la agresión constitucional, un nuevo y confuso tipo de delito que parece estar muy de moda ahora en España. Supongo que será efecto de la temporada otoño/invierno, tampoco lo tengo claro, porque en este país llevamos décadas saltándonos la cosa constitucional punto por punto y tampoco parecía importar a nadie. Pero bueno, ahora sí, y tampoco me parece mal, a ver si dura la moda.

El caso es que el martes será juzgada en la Audiencia Provincial de Madrid una joven española para quien la Fiscalía solicita un año y tres meses de prisión por agresión constitucional, ya que durante una protesta le lanzó al entonces ministro de Interior Jorge Fernández Díaz un ejemplar de la Constitución Española, convertida así en el arma del delito. Uno no deja de sorprenderse de lo bien que nos quedó la Constitución esta, que tiene más usos que una navaja suiza, lo mismo vale para arreglar rotos que para hacer descosidos.

Esta chica va a ser juzgada porque, según acusa el ministerio público, y con él todos los españoles de bien, en abril de 2015 realizó un acto de protesta contra la aprobación de la Ley de Seguridad Ciudadana. Bautizada como Ley Mordaza, fue aprobada con los pronunciamientos en contra de todos los organismos nacionales e internacionales, está pendiente de derogación y de que el propio Tribunal Constitucional, que admitió a trámite el recurso hace dos años, encuentre un momentito para emitir opinión.


Intuyo que todos miraron con igual desconcierto, por ajenas, las tetas que la Constitución


Para completar el escenario de la obra que se va a representar el martes en la Audiencia madrileña, no está de más recordar que la víctima de tan inhumana agresión es Jorge Fernández Díaz, el mismo que según ha concluido la investigación del Congreso aprovechó su cargo de ministro de Interior para crear una estructura policial paralela destinada a obstaculizar la investigación de los escándalos de corrupción que afectaban al PP y al seguimiento y la persecución de adversarios políticos.

Esta es, insisto para que no haya despistes, la víctima. La acusada, una activista de Femen que en su crueldad no dudó en combinar para su ataque las dos armas que más miedo y más respeto imponen en este país: la Constitución y unas tetas. "Actuando con desprecio del principio de autoridad y perturbando el normal desarrollo del acto público", acusa el fiscal, "se levantó de su asiento y se quitó la ropa mostrando su torso desnudo, en el que llevaba escrito con tinta negra en la parte frontal sobre la piel "Violador de libertades" y en la espalda "No a las mordazas"".

Podría alguien pensar que cada una puede hacer con sus tetas lo que considere, pero para eso está el avispado acusador público, para poner los límites: el acto era, según recoge en lo que supongo que pretende ser algún tipo de agravante, una conferencia sobre Santa Teresa de Jesús organizada por la Real Congregación de San Fermín de los Navarros en el Colegio de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid, aunque he de reconocer que ignoro las relaciones, si las hubo, entre San Fermín, Santa Teresa y los ingenieros de caminos. El caso es que allí estaban, junto al ministro y miembro supernumerario del Opus Dei, el arzobispo de Pamplona, el viceprefecto de la Real Congregación de San Fermín de los Navarros y dos asistentes y el capellán de la misma.

Intuyo que todos ellos miraron con igual estupor y desconcierto, por ajenas, las tetas de la activista que la Constitución que la chica lanzó hacia Fernández Díaz al grito de "¿sabe usted lo que es la Constitución?".

No les llegó a dar a ninguno de ellos, ni con el ejemplar ni con la teta, porque dos policías nacionales "reaccionaron con rapidez interceptando a la acusada", evitando de este modo que prosiguiera su ataque quién sabe si incluso leyéndoles en alto alguno de los artículos del texto constitucional o algo peor que ahora no se me ocurre, pero igualmente despiadado. Si estaría desatada la terrorista que así, medio en pelotas y agarrada por dos policías nacionales, aún le dio tiempo a golpear a estos de tal manera que consiguió herir a ambos, en un alarde de destreza que sin duda solo pudo adquirir en algún campo de entrenamiento yihadista en Kandahar o en un monasterio shaolin.

El fiscal, además de los quince meses de prisión, pide que indemnice a los dos policías por las lesiones. Yo iría más allá: si en las circunstancias descritas han acabado heridos, lo que hay que concederles es la incapacidad absoluta y una pensión de jubilación antes de que se hagan más daño en cualquier servicio habitual; removiendo el café, por ejemplo.

No sé que pasará el martes, pero a lo mejor la Fiscalía debería pensar en retirar la acusación. Más que nada porque va a flipar si a partir de ahora se tiene que poner a acusar a todos los que en este país andan tirándose la Constitución a la cabeza, todos ellos, me temo, con el mismo aprecio e interés por nuestra ley principal que el ministro de la policía política, el arzobispo de Pamplona o San Fermín.

Yo, que con el roce le he ido cogiendo aprecio, creo que se ha merecido que le reconozcamos los servicios prestados y hagamos lo posible por mejorarla y facilitarle la vida para que podamos seguir sintiéndonos orgullos de ella durante muchos años más. Y tampoco estaría de más que, mientras, dejáramos de utilizarla como arma arrojadiza de conveniencia. O, cuando menos, que se prohiba editarla en tapas duras, para evitar males mayores.

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