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Cuéntame al oído

OÍDO humano. Un sofisticadísimo sistema capaz de detectar frecuencias acústicas comprendidas en el rango de 20-20.00 Hz. El diseño de la estructura auditiva, fruto de la evolución natural, con un conducto auditivo de 0,7 cm de diámetro y 2,7 cm de longitud, conjuga la miniaturización y la eficiencia funcional. A diferencia de otros animales capaces de detectar umbrales más amplios de sonido, nuestro oído destaca particularmente por su capacidad para distinguir diferentes timbres. Tímpano, huesecillos, trompa de Eustaquio y nervio auditivo, componen esta máquina perfecta que permite un rango de intensidades de los sonidos audibles 1000 veces superior al rango de intensidades luminosas que el ojo puede ver.

Sonido. Una variación de presión que se propaga periódicamente en un medio elástico (aire o cualquier otro gas, líquido o sólido). El sonido se produce cuando un objeto o un sistema entra en vibración y llega al oído.

Lo que menos pensaba Graham Bell es que su invento crearía una nueva modalidad de sexo

Voz humana. Tipo de sonido emitido por un ser humano usando las cuerdas vocales a través de los distintos articuladores bucales tales como la lengua, el paladar y los labios. 

Teléfono. Dispositivo de telecomunicación diseñado para transmitir señales acústicas a distancia por medio de señales eléctricas. Normalmente, voces humanas. Lo que menos pensaba Graham Bell es que su invento crearía una nueva modalidad de sexo, el sexo telefónico, dramáticamente desplazada por culpa de las redes sociales y los mensajes de texto. 

Hace unos días un amigo me contaba que una chica lo había buscado en las redes para decirle, literalmente, que se le habían caído las bragas después de escucharlo en la radio. Él estaba convencido de que la profundidad de su discurso —seguramente, la mar de interesante y nada sexual— había calado en aquella muchacha interesada por las ciencias políticas. Mi querido y sexy amigo obviaba que la voz humana es uno de los principales reclamos sexuales para las mujeres, que dependemos de la excitación auditiva mucho más que los hombres. Ellos, siguen prefiriendo las imágenes del porno, aunque sea muteado. Las voces masculinas que nos resultan más atractivas son las más cercanas 'a la media', asociadas a frecuencias bajas y que se perciben como más graves. El cambio hormonal de la voz masculina adulta a grave que se produce durante la adolescencia hasta situarse en torno a los 100Hz o menos, atrae a las féminas porque va asociada a cuerpos más fuertes y atractivos.

El acto sexual, en si mismo, es una celebración sensorial en el que los sonidos no pueden quedar apartado. Gemidos, susurros, gritos de placer… ¿Cómo hay gente que puede hacerlo en silencio? Según el filólogo y terapeuta sexual Jorge Guedón, "emitir sonidos mientras se realiza alguna práctica sexual concreta, como el cunnilingus o la felatio, eleva el efecto placentero, pues la vibración sonora es una estimulación extra que mueve todas las células en las que impacta, incrementando la sensibilidad en el área donde se aplica". La escritora Isabel Allende decía que el punto G de las mujeres estaba en el oído y que el hombre "pierde el tiempo cuando lo busca en otro lugar". "Una cosa que toda mujer celebra y aprecia es la palabra. Que le digan al oído palabras de amor. No hay estimulante sexual ni romántico más fuerte".

La voz humana es uno de los principales reclamos sexuales para las mujeres

Pero no todo es celebración. Según un estudio publicado en el diario canadiense Evolutionary Psichology, el tono de voz también es un indicativo de infidelidad. Los hombres con tonos más graves de voz fueron seleccionados por las mujeres como los más atractivos, pero también como los más propensos a la infidelidad. Normalmente los hombres con voces más profundas y bajas tienen una mayor concentración de testosterona y las mujeres con tonos altos, más estrógeno. En otro estudio de la Universidad de Nueva York encontraron que las personas con voces más agradables se iniciaban antes en el sexo. 

En la erotización humana entran en juego todos los sentidos, y cada persona ha de descubrir lo que le pone. Sin embargo, en una cultura excesivamente visual como la nuestra, bombardeados por imágenes sexuales constantes y con la posibilidad inmediata de mandar fotos íntimas, apenas a nadie se le ocurre ya coger el teléfono para charlar con la persona que le gusta. Echo de menos las largas llamadas telefónicas que muchas veces acababan de madrugada y en que hablando de cualquier cosa, o escuchando una respiración entrecortada, podías acabar con la mano dentro del pantalón sin haber escuchado una sola palabra sexual. Además, un te quiero rebotando en la pantalla del teléfono jamás sonó tan bien como la voz cálida atravesando el oído. Por algo Joaquin Phoenix se enamoró perdidamente de la voz de Scarlett Johansson.

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