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Detrás de las apariencias

Título: Bloodline.
Creador: Todd A. Kessler.
Reparto: Kyle Chandler, Ben Mendelsohn, Sissy Spacek.
Cadena: Netflix.
Calificación: ●●●○○

BLOODLINE
ES es una serie que fija su atención en sacar a la luz lo que se esconde detrás de las apariencias. Contado a modo de thriller con un montaje que adelanta hechos y vuelve atrás, en un intento de dotar a la historia de mayor intriga. Va desvelando píldoras de información que nos remiten a circunstancias dramáticas para retomar el curso lineal de los acontecimientos. Es una opción. Quizá ese constante ir y venir haga perder interés al espectador, quizá no. A mí me ocurre. Lo interesante de la historia es la idea de fondo: ir quitando velos hasta que quede solamente la verdad.

Existe también, y esta serie se acerca irremisiblemente, el peligro de deriva hacia la solución fácil y nada convincente. A saber: los que creíamos buenísimos resultan, al final, malísimos, y los marcados como ovejas negras, resultan ser los salvadores de la humanidad. Es verdad que las apariencias engañan, sin embargo, giros tan maniqueos resultan un poco excesivos. La cuestión no está, claro, tanto en el giro como en la presentación de los personajes y su desarrollo, en el planteamiento de sus caracteres y en su evolución. Acierta, no obstante, en la creación de una atmósfera en la que algo palpita y contagia la sensación de que se avecina una catástrofe. Va jugando con los flashbacks y flashforwards (en exceso) y construye el panorama. La elección del montaje, al contrario de lo que podría parecer, ralentiza el ritmo y cansa ligeramente. Da la sensación de que se cortan a propósito los hilos narrativos y que se abren demasiados caminos a la vez.

Pero si vamos al fondo, atrae lo suficiente como para quedarse hasta el final para saber lo que va a pasar ahí. La curiosidad puede llegar a ser sexy.

Una pareja adinerada, que ha hecho fortuna con un complejo hotelero en un lugar paradisíaco; conocida, admirada —y envidiada— por los habitantes del lugar, celebra su cuarenta y cinco aniversario por todo lo alto. Para ello congrega a un listado enorme de parientes, amigos, conocidos y probablemente curiosos que han conseguido colarse un largo fin de semana en ese ambiente de glamour.

No pueden faltar los cuatro hijos del matrimonio, dos de los cuales viven en la misma localidad, con —siempre aparentemente— vidas con desigual fortuna y los otros dos, vuelven a su hogar de infancia. De estos últimos, uno, el mayor, es, con total obviedad, la oveja negra, y su llegada genera en toda la familia una tensión poco saludable. A partir de ahí empiezan a ocurrir cosas que crecen en intensidad y en gravedad, y todo el mundo lo señala a él como culpable. Él es un ser ambiguo, ciertamente. Y es esa confusión con la que el guion juega, una y otra vez.

Hay elementos que se perfilan y que son atractivos, como la lucha interna de la madre con respecto al hijo o los sentimientos también conflictivos del hermano más apegado emocionalmente al otro, el que siempre da problemas, el que siempre trae disgustos, el que siempre falla. Podría ser, este ser errado, el protagonista de peso de la historia. Tendría mucho que decir y mucho que ocultar, estaría en disposición de lidiar con los problemas provocados por una infancia dolorosa y por una transición traumática a la edad adulta.

Sin embargo, no se genera esa potencialidad en el personaje, lo que no ayuda al espectador a crear la suficiente intriga. El individuo, con toda la expectación creada, primero que viene, después que se va, luego que no, y vuelta a empezar, en plan bucle, genera un punto en que lo que de verdad deseas es que haga algo, pero que sea definitivo. Así, la curiosidad desaparece pronto.

Ideas extrañas para guión
Hay programa en Dkiss que se titula Mi vida con 300 kilos y que asegura que lo que pretende no es mejorar el aspecto sino salvar la vida de los protagonistas. Aquí me pregunto: ¿en serio? ¿salvar vidas? Y pienso que se necesita tener una mente con vericuetos extraños para decidir que la mejor idea para salvar a personas con obesidad mórbida es hacer un programa en el que se muestran los graves problemas de sus vidas, con el objetivo de que lo vean miles de personas.

Detrás de las apariencias
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