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Los fondos toman Galicia

La compra de las ITV por un grupo controlado por fondos extranjeros es el último capítulo


DOS NOMBRES propios del mundo empresarial gallego, Honorato López Isla y el fallecido Victoriano Reinoso, conformaron en su día el tándem más sólido del sector eléctrico en toda España. Lo hicieron desde Unión Fenosa, hoy en manos de la catalana Gas Natural. En los buenos años de Manuel Fraga en la Xunta, ambos ejecutivos pergeñaron una red de sociedades de servicios conocidas como Norcontrol, Norsistemas y Norconsult, entre otras, a las que la polémica no fue ajena por los jugosos contratos que recibían de la Administración gallega. Norcontrol acabaría enfilando también Cataluña al pasar a manos de Applus, que viene a ser hija de Aguas de Barcelona pero controlada actualmente por una pléyade de fondos de inversión internacionales. Pues bien, Applus, con sus fondos, sin accionistas relevantes españoles o capital patrio en su accionariado, acaba de hacerse con las concesiones de las ITV gallegas por 89 millones de euros. Los vendedores, otros históricos de la empresa gallega: Amador de Castro y los herederos de Epifanio Campo, fallecido el año pasado.

El negocio de las ITV gallegas viene a ser casi como un estanco, una concesión muy rentable (expira en 2023 pero puede ser renovada hasta 2037) que ha generado millones en dividendos para sus propietarios. Esta adquisición es la operación corporativa más relevante en lo que va de año en Galicia, pero es todavía más significativo el rumbo que traza, y cómo lo dibuja, sobre el mapa de las compraventas de empresas de capital gallego, en muchos casos, como éste, de propiedad familiar.


Los nuevos propietarios de la lucense Ingapan, los catalanes de Europastry, siempre han contado con fondos de inversión en su accionariado


Son fondos de inversión y de pensiones los que se colocan en los últimos años como abanderados de las adquisiciones de empresas gallegas. Y esta tendencia es algo que va mucho más allá de su desembarco en centros comerciales repartidos por Lugo, Ourense, Vigo o A Coruña, por citar las plazas más emblemáticas. La lista es interminable. Y siempre emerge, antes o después, el dinero de los fondos. Cupa Group, la pizarrera líder en España, con base en Valdeorras, acabó en manos de Carlyle en un abrir y cerrar de ojos. R, la operadora de cable, pasó por manos de los británicos de CVC antes de ser absorbida por Euskaltel. Corsair Capital, vinculado en su día a JP Morgan, se hizo con el control de las autopistas gallegas en 2015, que hasta ese momento estaban en manos de otro fondo de inversión, Citi. Actualmente hay una batalla accionarial con arbitraje incluido contra Corsair en el seno de Itínere, que es la sociedad holding que controla Autopistas del Atlántico y Autoestradas de Galicia (A Coruña-Carballo y Puxeiros-Val Miñor).

Los nuevos propietarios de la lucense Ingapan, los catalanes de Europastry, siempre han contado con fondos de inversión en su accionariado. Y hasta proveedores de Inditex, caso de Trison, recurren al dinero de los fondos y acaban en manos de Portobello Capital. Geriatros, la cadena dedicada a la tercera edad con más de cuarenta residencias que levantó Caixanova, ha pasado de fondo en fondo. Primero, Magnum Capital. Después, PAI Partners.

¿Y qué problema hay con los fondos de inversión? Pero si, además, controlan medio Ibex 35 e incluso un mismo fondo, caso de BlackRock, es a la vez primer accionista del Santander y del BBVA... ¿Cuál es la pega? En primer lugar, que sean fondos de inversión los que compran empresas gallegas, siempre rentables y en beneficios, descubre dos carencias a la vez: muestra la falta de capital autóctono que blinde los centros de decisión y los mantenga en esta comunidad y, por ende, evidencia problemas de sucesión en las empresas familiares, en proceso de relevos generacionales no siempre del todo previstos. El de Supervisión y Control con las ITV es un claro ejemplo.

Una norma no escrita, pero que se repite en muchas operaciones, también en Galicia (casos de R o Audasa) es el tiempo de permanencia de un fondo en el capital de una empresa. La media está en cuatro años. El objetivo, la búsqueda de dividendos. Si es una concesión administrativa, con el riesgo muy limitado, mejor que mejor. Nada más. Y a otra cosa.

Que le pregunten a la propia Xunta, actualmente segunda accionista de Reganosa, si un fondo de inversión puede dar o no problemas. Los Tojeiro, que levantaron la regasificadora de Mugardos, y la Administración gallega tuvieron que mover ficha en 2016 (unos 30 millones) para blindar el accionariado de una empresa estratégica tras la salida de Gas Natural. El objetivo, nunca confesado en público, fue impedir que un fondo, el australiano First State, lograra más acciones y con ello capacidad de bloqueo en decisiones clave. Los fondos...

Otro relato para la crisis de las cajas
No se puede decir que José Manuel Naredo tenga precisamente un club de fans entre los economistas más liberales, pero conviene detenerse en las palabras de este Premio Nacional de Economía y Medio Ambiente. Su comparecencia en el Congreso, en la comisión que investiga el crimen sin castigo que fue la crisis financiera, no puede dejar a nadie indiferente.

El suyo es un relato alternativo, en su más amplio sentido, al discurso oficial del fin de la crisis inmobiliaria y el advenimiento de un nuevo modelo económico. En una comparecencia a propuesta de Podemos, el economista se despachó: "Sufrimos las consecuencias de un modelo agotado y corrupto que no resuelve los problemas del país y pide a gritos su reconversión", dice. Agotado y corrupto. Y aquí entran las cajas de ahorro. "Lo irreparable ahora", sostiene, "es que fueron la mano financiera del caciquismo local".

De eso, en Galicia, sabemos bastante. ¿Y si miramos hacia delante, que es lo que toca? Pues Naredo no plantea una revolución. Basta, aunque quizá sea mucho pedir, con una reconversión profunda del modelo inmobiliario y financiero, que van de la mano (uno es el andamio del otro, dice), mediante la entrada de nuevos actores, previo pacto de todas las fuerzas políticas, con la mirada puesta en el fomento del alquiler.

Algunas pistas: esos nuevos actores vienen a ser entidades mayoristas de alquiler capaces de financiarse en los mercados, colocando deuda, por ejemplo, tomando cierta distancia de la banca. El economista mira a Alemania y a Suiza. Es el modelo, a su juicio, lo que propicia una situación u otra. Y el actual es inviable.

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