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My friend

RAJOY ENTRA en la Casa Blanca para visitar a Donald Trump. Rajoy le regala un jamón, en plan Paco Martínez Soria, que en todas las películas tenía una escena en la que llegaba a Madrid a ver a sus hijos y empezaba a sacar comida que traía del pueblo. Tras el saludo protocolario, ambos dirigentes se sientan a comer. Según detalla el digital 20 Minutos, "un primer plato consistente en gambas a la plancha con alioli de naranjas de Sevilla, y un segundo de pollo con glaseado de membrillo y jerez romanesco, coles de Bruselas y patatas. Como postre, han degustado milhojas de natillas de chocolate y helado de azúcar moreno".

Un menú razonable. Sin vino, eso sí. Al parecer, el almuerzo se celebra en tono cordial y la charla versa sobre asuntos banales. Trump elogia a Nadal y a Sergio García. Tras la degustación, ambos dirigentes se trasladan a un salón a hablar en serio. Puede ser el mismo salón en el que Aznar y Bush mostraron su camaradería poniendo los zapatos sobre la mesa y Aznar salió de allí hablando con acento texano y se fue a las Azores a organizar la invasión de Irak. Volvamos a Rajoy, que se me va usted por los cerros de Úbeda. Es entonces cuando llega el momento que nos interesa. La imagen la ofrecen varias cadenas, aunque sin sonido. Rajoy se acerca a Trump y le dice algo. Se tapa la boca, como los niños cuando van a contar un secreto, acerca su cabeza a la del estadounidense y le hace una confidencia con gesto cómplice.


También me pregunto qué entiende Rajoy por amistad


¿Qué es aquello tan importante que le dice Rajoy a Trump? Trump lo mira con gesto sorprendido y asiente mientras contesta. ¿Qué cabe esperar de uno de los estadistas más importantes de Europa en una conversación confidencial con el señor más poderoso del mundo? Cuando veo la imagen, supongo que Rajoy está encargándole 14 bombarderos, ofreciendo ampliar la base de Rota o pidiéndole ayuda para detener el Procés.

Así van pasando los días y uno ya se olvida del asunto, pues hay otras cosas que requieren mayor interés. Pero resulta que alguien cuelga un vídeo en el que se escucha el sonido. Como un loco, me lanzo a escucharlo, pues se me abre la oportunidad de conocer al fin el gran secreto de Rajoy. Como decíamos, Rajoy se acerca a Trump, coloca la mano a modo de bocina para hablar muy bajito y que sólo su interlocutor pueda escucharlo: "Is my friend, Nadal, ¿eh?", le dice Rajoy a Trump. A usted puede parecerle algo banal, pero si lo analizamos, conoceremos algo mejor a nuestro presidente. En primer lugar, sabemos que ha aprendido al menos tres palabras en inglés: is, my y friend. No está mal. Son tres palabras más que las que ha aprendido en gallego en toda su vida.

Pero hay más: Rajoy siente la necesidad de revelar a Trump que es amigo de Nadal. Además se lo cuenta en secreto, porque sólo Trump puede saberlo. ¿Es un secreto de Estado, una confidencia íntima? ¿Tiene algo de malo ser amigo de Nadal? No tengo ni idea. Ignoro los motivos que llevaron a Rajoy a creer que Trump debía saber de su amistad con Nadal. Lo mismo fue una manera de decir: "Conozco a alguien más importante que yo".

También me pregunto qué entiende Rajoy por amistad. No conozco si esa amistad es real, que igual lo es, pero imagino que Nadal está lo suficientemente ocupado como para ser amigo de Rajoy. ¿Hablan a diario para preguntarse cómo ha ido el día? ¿Sabía Nadal lo del 155 antes que Soraya? ¿Cuántas veces han comido juntos? Todas estas preguntas se resumen en una: ¿Qué es la amistad para Rajoy? Si él verdaderamente imagina que Nadal es amigo suyo y lo considera tan importante como para contárselo en secreto a Trump, es que o son íntimos de verdad o Rajoy no tiene amigos y cree que Nadal lo es porque coincidieron tres o cuatro veces en alguna gala. Se habrán dado la mano y habrán tenido medio minuto de conversación. Este enigma sólo puede resolverlo Nadal, aunque tampoco creo que el tema le quite el sueño, como nos lo quita a usted o a mí.

Según los subtítulos, Trump le contesta algo así: "Es maravilloso. Salúdalo de mi parte". Rajoy se queda un poco chafado, bien porque no ha entendido la respuesta, bien porque esperaba mayor entusiasmo, bien por ambas cosas. Sin duda ése era su mejor cartucho para ganarse la confianza de Trump. Igual llevaba días pensándolo: "En cuanto tenga ocasión le diré a Trump que soy amigo de Nadal. Va a flipar". Sin embargo, a Trump no parece impresionarle demasiado que Rajoy y Nadal sean amigos. Como mucho, parece sorprenderle que se lo cuenten. Que alguien como Trump, que está como una cabra, se extrañe de un comentario de Rajoy, es lo peor que le puede pasar a Rajoy. Para Trump, Rajoy es ahora ese señor alto y con barba que dice que Nadal es su amigo. Y así nos va.

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