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Somos así

A ESTAS alturas el ambiente está saturado de la cuestión catalana y nada voy añadir a las informaciones y comentarios de distintos analistas, pero me sale del alma una reflexión impregnada de preocupación de ciudadano y tristeza otoñal después de la jornada aciaga del domingo en la que perdimos todos.

Para empezar, releo a Enrique Krauce, escritor y director de la revista Letras Libres, que en 2015 escribió: «A pesar de los errores y desmesuras, es mucho lo que España ha hecho bien: después de la Guerra y la dictadura, y en el marco de la reconciliación y tolerancia, conquistó la democracia, construyó un Estado de derecho, un régimen parlamentario, una admirable cultura cívica, una considerable modernidad económica y amplias libertades sociales. Y doblegó al terrorismo».

El mal de la ruptura de la convivencia y de los puentes de diálogo ya está hecho, pero todo puede empeorar, atentos a los próximos días

¿Qué ocurrió para que después de tan largo periodo de convivencia en libertad, de modernización y desarrollo político, económico y social reaparezca el fantasma de las dos Españas de Machado, con el aire político y social contaminado por la división, el odio y la intolerancia?

Ocurrió que en España pueden más las vísceras que la razón. Decía José Luis de Vilallonga que «los iberos decidimos periódicamente ajustarnos las cuentas», ajuste que ya inmortalizó Goya en el cuadro ‘Duelo a garrotazos’ en el que dos españoles dirimen diferencias en una pelea descarnada que llevará a uno a la muerte. En esas estamos.

Después de 40 años de estabilidad y progreso, el particularismo atávico del nacionalismo catalán como primer culpable -el vasco y el gallego están agazapados- y la incompetencia y dejación de funciones del Gobierno dividen y despedazan a la sociedad catalana y del resto de España y abocan al país a una crisis que amenaza la estabilidad política, la recuperación económica y la paz social. Es el eterno retorno a la autodestrucción que apuntó con lucidez el político prusiano Otto von Bismarck.

El mal de la ruptura de la convivencia y de los puentes de diálogo ya está hecho, pero todo puede empeorar, atentos a los próximos días. El 6 de octubre de 1934 Lluis Companys proclamó el estado catalán dentro de la República federal española y es posible que su sucesor, que quiere inmolarse, le imite declarando la independencia.

Si eso sucede, su yihadismo llevará a España entera, Catalu- ña incluida, al suicidio asistido por la radicalidad y, parafraseando a Ricardo Cayuela, biznieto de Companys, habremos tirado por la borda 40 años de convivencia y prosperidad. Una pena, pero somos así.

Somos así
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