Opinión

El foucherismo

EN LA Revolución Francesa existió un personaje conocido como Fouche que introdujo en la acción política el manejo interesado de la información policial. Si bien es cierto que el poder siempre había usado las informaciones que le llegaban en su propio beneficio, y como pensaba Napoleón Bonaparte: «el arte de la policía es no ver aquello que es inútil que vea para el poder».

El uso de los datos que llegaban a las instituciones es antiguo, y ya fue utilizado por los poderosos de todos los tiempos. Datos que muchas veces eran inventados o manipulados según los intereses de los mandamases. Informaciones que empleaban de manera exclusiva los poderes políticos, económicos y religiosos, hasta que, por lo menos públicamente, en este siglo, se supo que los propios policías, empezaron a manejar dichos datos en beneficio personal. No les bastaba la promoción personal, o la creación de negocios personales. De hecho en los siglos XIX y XX, la información tomó la figura del confidente para convertirlos en una policía paralela, que también querían y podían participar en el ‘reparto del pastel’. En este año han sido numerosos los contenidos informativos de las hazañas del pequeño Nicolás. Se había abierto a la información pública un sector, hasta entonces vetado para los periodistas. Y a partir de ahora descubriremos muchos más casos de los profesionales policiales, como ya pensaba Honoré de Balzac en su novela ‘Une ténébreuse affaire’: «La policía y los jesuitas tienen la virtud de no abandonar ni a sus enemigos ni a sus amigos».

¿Pero quiénes son los enemigos de los policías? está claro que tienen varios tipos de adversarios: los institucionales, que son aquellos que infligen las leyes, razón de su profesión; y aquellos que atacan las labores policiales con afirmaciones generales y poco fundamentadas, que convierten la acción policial en un ataque a las leyes, mostrando al cuerpo como un órgano represivo sin limites.

Sin embargo ahora, ha surgido una competencia en las labores de explotación de la información, que antes les eran exclusivas. Conocemos aquel dicho que afirma que la información es poder, y cómo no, negocio. Está claro que la evolución de las estructuras del negocio, ha convertido en ganancia los datos informativos. Y como decía Baltasar Gracián en su libro ‘Oráculo manual y arte de la prudencia’: «No hacer negocio del no negocio». Y si se me lo permite el sarcasmo, puedo afirmar que en los últimos años se ha socializado la información policial como negocio.

Todos podemos entrar en el mercado de datos, empezando por el mundo de internet y terminando en el económico. Parafraseando y adaptando la cita de Francis Bacon: «Los hombres públicos (aquí policiales) están triplemente sometidos: al soberano de su estado, a la fama y a los negocios».

Es impresionante ver cómo se ha desarrollado la mercantilización de la información sobre las personas, sean ciudadanos sospechosos de delincuencia, y de los ciudadanos corrientes, que tienen cierta capacidad de actuar en el sistema.

Decía Chateaubriand que «la policía política es un monstruo nacido en el cieno revolucionario de la combinación del despotismo y la anarquía», a lo que podríamos añadir: nacida también en el cieno del poder y del dinero.

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