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Las ideologías cerradas

Las posiciones dominadas por la ideología, las posiciones radicales, conducen a acciones políticas desmesuradas, desproporcionadas al margen de la real realidad. Por una poderosa razón, los políticos radicalizados, lamentablemente hoy al frente de la crisis del coronavirus, tienen la convicción de que disponen de la llave que soluciona todos los problemas; que poseen el acceso al resorte mágico que cura todos los males, están convencidos, por la presunción de superioridad moral que les acompaña, que su designio histórico es acertar y que si no lo hacen es por culpa del enemigo, en este caso, la ultra derecha, a la que se ha decidido poner como escudo protector frente a todas las desdichas que vemos a diario en estos momentos tan tristes. 

Esta situación deriva de la seguridad de poseer un conocimiento completo y definitivo de la realidad, y siendo consecuentes –la coherencia de las posiciones ideológicas es la garantía de su desproporción- se lanzan a una acción política decidida que ahoga la vida de la sociedad y que cuenta entre sus componentes con el uso de los resortes del control y dominio a que someten el cuerpo social No se consulta con nadie porque nadie se tiene la garantía absoluta del acierto. Si la OMS, la UE, las asociaciones científicas advierten de la necesidad, en enero y febrero, de tomas ciertas medidas, no importa porque el monopolio del acierto y el éxito están en poder del Gobierno. 

El político moderado respeta la realidad y sabe que no hay fórmulas mágicas. Por supuesto que sabe qué acciones emprender y sabe aplicarlas con decisión pero con la prudencia de tener en cuenta que la realidad no funciona mecánicamente. Es consciente de que un tratamiento de choque para solventar una dolencia cardíaca puede traer complicaciones serias en otros órganos y escucha a los especialistas, a los que saben de verdad, no a aquellos expertos elegidos para el corifeo o la adulación. 

Hoy, sin embargo, hay un virus que domina la acción del desgobierno actual: se llama "ideologitis" y sus síntomas son claros: negación de la realidad, ineptitud para la gestión, irresponsabilidad, incapacidad para el acuerdo, monopolio del acierto…

La moderación no significa medias tintas, ni la aplicación de medidas políticas descafeinadas ni tímidas, porque la moderación se asienta en convicciones firmes, y particularmente en el respeto a la identidad y autonomía de cada actor social o político, es decir, en la convicción de la bondad del pluralismo. Por eso política moderada es una política de convicciones y de tolerancia, no de imposiciones. Más que vencer le gusta convencer. Que diferente hubiera sido todo de haber tenido en la Moncloa a un gobierno integrado por personas moderadas, con mente abierta, pensamiento plural, metodología del entendimiento, compromiso con la realidad y la razón, y sensibilidad social, sobre todo sensibilidad social.

Hoy, sin embargo, hay un virus que domina la acción del desgobierno actual: se llama "ideologitis" y sus síntomas son claros: negación de la realidad, ineptitud para la gestión, irresponsabilidad, incapacidad para el acuerdo, monopolio del acierto… La realidad, empero es que se responde de los daños causados por imprevisión y por omisión. Y, en este caso, me temo que la "ideologitis" le va a salir muy cara a algunos pues cuando se demuestra que hay dolo o negligencia grave en los ilícitos administrativos, la responsabilidad es la que es. Y si prosperan las acciones penales, no digamos. En definitiva, "la ideologitis" tiene muchos riegos, sobre todo cuando se está en el gobierno. En la oposición, es verdad, puede salir hasta barata.

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