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Reciclemos el presente para tener futuro

UNA JORNADA como la que representa el Día Internacional del Reciclaje puede ser una excelente oportunidad para reflexionar sobre lo que aportamos o estamos dispuestos a aportar al medio ambiente. Acostumbrados a exprimir al máximo sus recursos, nuestro Planeta ha dicho basta. El cambio climático, que ya nadie se atreve a cuestionar, constituye uno de los mayores exponentes del paulatino proceso de deterioro al que nuestro entorno se ha visto abocado debido a la acción humana. Pero hemos visto la luz. El Acuerdo, global e histórico, alcanzado en la Cumbre de París el pasado mes de diciembre, y que fue avalado por 195 países con el objetivo de disminuir las emisiones de CO2 y limitar el aumento de la temperatura de la Tierra a menos de 2ºC, cuenta con importantes aliados como es el caso de Estados Unidos y China, dos de los países más contaminantes.

En este contexto, resulta evidente que los residuos, consecuencia inevitable de nuestro modo de vida, también han formado parte de esa evolución (o involución) del hombre, constituyendo a día de hoy uno de los mayores desafíos medioambientales a los que debemos hacer frente. Para solventar un problema de estas características, resulta también evidente que no caben fórmulas mágicas ni pócimas milagrosas, tampoco grandes ecuaciones o  algoritmos, ni mucho menos ideas improvisadas de dudoso fin.

La gestión sostenible de los residuos urbanos requiere, por encima de todo, corresponsabilidad, sensatez, concienciación, educación, innovación y grandes dosis de sentido común. Y la labor del ciudadano resulta indispensable en el nuevo marco de economía circular, aquélla en la que los residuos se convierten en recursos de utilidad, evitando el consumo  irracional de los mismos.

Porque la economía lineal de la que todavía somos víctimas, marcada por las pautas de usar y tirar, debe dar paso a una circular en la que se contemple el ciclo de vida de los productos, desde que se diseñan hasta que se fabrican, se comercializan, se consumen y se transforman.  Todo gira, todo se aprovecha, nada se desperdicia. Y en este entramado, el reciclaje cumple una función esencial. Pero para que sea viable, se hace necesario contar con la participación de los ciudadanos a través de la correcta separación de los residuos en origen y posterior depósito de los mismos en los contenedores adecuados. Sólo así podrán llegar a tener una nueva vida, y sólo así contribuiremos al ahorro de energía y materias primas.

Facilitar el reciclado de los desechos es el gran objetivo de Sogama, de ahí el proyecto de ampliación de sus instalaciones, con el que se posibilitará la recuperación de los envases contenidos en la basura en masa, al tiempo que se disminuirá el vertido. El éxito reside en la complementariedad de sistemas. Reciclaje, compostaje y valorización energética deben ir de la mano. Así lo establece Europa y así lo han demostrado los países más avanzados y comprometidos por el medio ambiente. Decir lo contrario es negar la evidencia, sólo justificable ante una pretensión que no sea la eminentemente medioambiental.

Reciclémonos para afrontar la realidad con valentía y tomar decisiones coherentes que nos permitan dar solución, más allá de preferencias personales y/o ideológicas, a un problema del que todos somos responsables. Reciclémonos  para ser capaces de tomar conciencia de la situación y actuar en consecuencia. Reciclémonos para disfrutar de un mayor bienestar y calidad de vida. Pero, sobre todo, reciclémonos para dejar un mejor futuro a nuestros hijos. 

Reciclemos el presente para tener futuro
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